Psicología Católica Integral - Mercedes Vallenilla
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En lo personal, creo que de los regalos más grandes que Dios puedo haber otorgada al Hombre, fue la Libertad. Esta facultad va más allá de elegir aquellas acciones o actos que queramos realizar durante nuestra vida, porque considero que estas tienen un sentido mucho más trascendental, que el de una mera decisión. Todo aquello que hagamos o dejemos de hacer en nuestra vida, tiene algún tipo de consecuencia, buena o mala y justamente son estas decisiones las cuales nos definen como personas.

Tristemente, nuestra Libertad muchas veces se puede ver truncada por distintos factores, pero ciertamente esto no fue el plan original de Dios para el hombre. Creo que los mismos hombres hemos sido los que hemos limitado nuestra propia libertad y la de los demás.

Muchas veces observo a mi alrededor y veo a hombres que no son libres, incluyéndome a mí, ¿cuantas cosas no existen en este mundo que nos atan a ella y no nos permiten ser libres?, y con esto quiero hacer hincapié en nuestra “Libertad como capacidad de negación”.

Tengo a ciertos conocidos los cuales dicen que su decisión de fumar droga es un acto totalmente libre y de libertad, con lo cual estoy totalmente de acuerdo, esa es su libertad de elección, sin embargo, ¿cuándo una adicción se ha convertido en un acto de libertad?, mientras más lo hacen y más fuman, menos libres son, porque cuanto más lo hacen, terminan sintiendo esa necesidad de fumar cada vez más, sienten el vacío, de no saciarse porque saben que no son libres y cuando se dan cuenta ya se han convertido en esclavos de aquella adicción porque nunca fueron lo suficientemente libres para decir No a la sociedad o a sí mismos.

Creo que para poder ejercer una “Libertad como capacidad de negación” debe de haber una voluntad bien formada, pero ¿Cómo formar la voluntad correctamente?, considero que poder formar nuestra voluntad, es necesario realizar ciertos actos lícitos los cuales nos cuesten personalmente o viviendo algunas de las virtudes, en fin yo creo eso compete a cada persona, sin embargo, sí creo que para poder formar la voluntad, antes, de debe existir una conciencia bien formada, una conciencia verdadera.

¿Por qué una conciencia verdadera?, la conciencia no es solo aquella facultad intrínseca a todos los hombres que nos ayuda a diferenciar el bien del mal, es también parte de aquel eco originario, cuando Dios creo a los primeros hombres, nuestra conciencia es una brújula que nos permite saber y diferenciar cuando estamos amando a una persona, o simplemente la estamos utilizando.

Si los hombres no nos damos cuenta que nuestra conciencia debe estar orientada a ese fin, entonces ¿cómo podremos formar una voluntad verdadera, si nuestra voluntad no se formó con el fin último del hombre, aquella vocación a la cual estamos llamados todos los hombres a vivir, sin excepción alguna? ¿Cómo podremos ejercer nuestros actos de libertad, si en nuestros mismos actos no existe el Amor como Dios lo pensó?

Es cierto que muchos de los jóvenes de hoy en día no quieren escuchar nada de Dios y ciertamente existen muchos jóvenes que no quieren a la Iglesia Católica. Mi religión habla del amor como una afirmación mutua entre dos personas donde una persona se entrega libre y totalmente a la otra con el único fin de ser Don y hacer feliz al otro y viceversa. Y esto está todo fundamentado en el Dios hecho hombre que por amor, se entrego y nacerá en pocos días. Y pienso en todo esto fundamentalmente como un acto de amor.

En conclusión, para que exista una libertad verdadera, debe existir una voluntad integra y antes de eso, una conciencia bien formada. Todo esto, debe de estar orientado hacia el amor, porque si no lo está, nuestros actos solamente serán egoístas y el egoísmo es la raíz de todo lo malo que existe en el mundo, todos los actos no éticos, derivan de el.

Autor: Laureano Gutiérrez / 22 años

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Dra. Mercedes Vallenilla

Psicóloga católica con especialidad en psicología social. Maestra en Matrimonio y Familia. Doctora en Educación, con estudios de postdoctorado en Psicología. Autora de cuatro libros sobre psicoespiritualidad. Pionera en Psicología Virtual con 30*+ años de experiencia.

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