¿Qué le pasa al mundo?

¿Qué le pasa al mundo?

Esa es la pregunta que más he escuchado en estos días a raíz de tantos huracanes, terremotos y actos de terrorismo que han sucedido este año. Mi respuesta no es concreta, es una respuesta amplia que quisiera otorgar en dos vías.

La primera vía de respuesta se refiere a los fenómenos naturales y en dónde debemos encuadrarlos. Dios al crear al mundo lo creo con dinamismo; es decir, con movimiento. Tener movimiento significa tener vida o estar vivo. El mundo no se escapa a esa realidad tal como lo concebimos, es por ello que debemos pensar que se mueve porque tiene vida activa en sus entrañas. Dentro de esos movimientos geográficos e históricos, se ha formado infinidad de alteraciones en su superficie como son los volcanes, los terremotos y los mismos huracanes.El fin del mundo

La libertad del hombre

Sin embargo, también tenemos que asumir la responsabilidad sobre el mal uso que le hemos dado nosotros los seres humanos al planeta y que ha ocasionado infinidad de daños. En el pasado cuando escuchábamos hablar del calentamiento global y del descongelamiento de glaciares muchos pensaron que era exagerado y hasta calificaron como “lunáticos” a los que se tomaron a la tarea de advertirnos.

Hoy, el ser humano tiene más conciencia del cuidado del planeta y hemos aprendido a vivir con un nivel bastante adecuado de lo que la basura ocasiona y de la necesidad del reciclado. Se han modificado leyes para el cuidado de animales, bosques y construcción de las fábricas y aunque nos queda aún un enorme reto por delante, es un hecho que por más que ya un sector de la población haya recapacitado estamos viviendo en parte las consecuencias que nosotros mismos -el ser humano- ha ocasionado a ese planeta que Dios creo para nosotros, pero no pensando que seríamos nosotros mismos los que le haríamos daño.

Asumir las consecuencias de los actos

En este sentido hay que asumir con responsabilidad lo que nos toca y hacer cambios en nuestro entorno en lo que a nosotros nos compete. Sabiendo que se madura cuando se deja de echar culpas y se asume la responsabilidad que tenemos. Pero ese reconocimiento parte también de puntualizar que aún existen naciones y personas que siguen intencionalmente creando un sin fin de armas nucleares, de sustancias tóxicas, de daño a las aguas de manantiales y ríos con fines de poder e intereses económicos o políticos; que no solo dañaran al planeta sino al ser humano en sí mismo.

Todo esto nos lleva a la segunda vertiente de la respuesta. Ésta me lleva más que a preguntarme que le pasa al mundo, más bien a preguntarme qué le ha pasado al ser humano que habita en este mundo. Un ser humano que en su recorrido histórico no ha hecho más que tener avances científicos y tecnológicos, pero a costa a su vez de un retroceso antropológico o pudiéramos hasta decir filosófico.

Capacidad de Reflexión

El hombre ha perdido su capacidad de reflexionar sobre verdades trascendentes de vida. Se ha conectado más con los avances creados por el mismo, pero se ha desconectado totalmente de Dios en su afán por vivir una autonomía mal entendida que lo emanciparán y le dará una aparente libertad que lo dirige a la supuesta plenitud de vida. Hoy, podemos ver que esto ha traído consecuencias muy graves para el ser humano, pues al perder los marcos de referencia se pierden las guías para poder desarrollarse con coherencia en esta vida.

La filosofía cristiana considera que el hombre es a la vez espiritual y material. Es el alma el punto de partida donde se originan sus facultades, donde están sus potencias, que son las que gestan las actividades diversas que emprende el hombre.

¿Qué le pasó al hombre históricamente?

La filosofía Moderna de Descartes (1596-1650) dio origen al estudio del hombre de forma fragmentada, reduciendo su naturaleza a la conciencia o al estudio del pensamiento, mientras intentaban con ello explicar la relación que existía con el cuerpo. Su punto de origen es el categórico rechazo a todo el conocimiento adquirido por medio de la fe, del pasado o incluso de lo que los filósofos antiguos habían incluido como válido, que era el conocimiento que adquirimos por medio de los sentidos. Sus afirmaciones contemplaban que las únicas certezas que se podían tener era el mismo pensamiento del ser humano, reduciendo el ser al simple hecho de pensar, haciendo del pensamiento humano el centro de la realidad subjetivizando dicha realidad. 1* (De Torre, José María, 1985)

A partir del siglo XIX, la psicología se centró en el estudio de los fenómenos observables, convirtiéndose en una ciencia experimental cuando éstos se redujeron y sometieron a medición empírica. Todos los progresos de la ciencia y de la técnica que trajo la revolución industrial, favorecieron a que se fomentaran las ciencias positivas o empíricas, las cuales defendían que la única manera en la que se podía conocer la verdad de los hechos era la observación y la experimentación de esos hechos.

La modernidad

Todo el término de modernidad, implicaba un rechazo hacia lo recibido en el pasado inmediato. El hombre comenzó a sentirse autosuficiente y rechazó lo sobrenatural desplazando el interés por comprender al hombre desde Dios, hacía el hombre en sí mismo. La felicidad comienza a convertirse en un fin en sí mismo y no en un medio. Dios comienza a representar un enemigo de esa misma felicidad y se comienza a revivir una cultura pagana como una forma de rechazo a Dios en su intento de comprender al hombre.

El hombre quería hallar por sí mismo las cosas antes de ser enseñado. Comienza a mirar con desprecio al pasado, ponderando que él ahora era mejor que el ayer. Se rechaza en gran medida la fe cristiana con su conocimiento sobrenatural para darle un gran peso a lo que el hombre por sí mismo podía descubrir y alcanzar por medio de la ciencia. Hubo un alejamiento al conocimiento de lo sobrenatural y un acercamiento a la razón y al conocimiento natural y que podía ser probado. El entendimiento activo obtuvo una primacía sobre el contemplativo haciendo que el hombre quisiera buscar la verdad desde sí mismo y por sí mismo. (De Torre, pág. 444. 1985)

Método Científico

Con el avance de la ciencia, donde se redescubre el Nuevo Método Científico lo que antes representaba una autoridad que era la religión pasa a la ciencia. Estos científicos dicen que lo que era digno de existir es solo lo que es digno de ser conocido. Empieza la ciencia a prometer grandes avances y descubrimientos. La ciencia se presenta como la salvación del hombre. La autoridad pasa a ser lo que puedas probar dando un golpe duro a todo lo espiritual porque no se podía probar de esa manera. Lo viejo se convierte en obsoleto y lo nuevo es lo que vale.

En la modernidad se piensa que todo se va a solucionar. Se suman más avances en la medicina y comienzan a haber cambios sociales importantes. Se reduce la indigencia, que es la sensación que hasta entonces el hombre experimentaba de no valerse por sus propios medios y por ello, sentía que su vida dependía de Dios. Esto fomenta el que el hombre haya sentido que podía tomar un control sobre su vida, dado que era ya capaz de reducir enfermedades y mejorar la calidad de vida retrasando la muerte por lo que la longevidad aumentaba. La ciencia, intenta suprimir esa indigencia – al parecer- el hombre comienza a no solo sentirse como Dios sino a actuar como tal: a experimentar en el laboratorio y a decidir quien vive y quien muere por pequeño, viejo o enfermo. Comenzó el hombre a quitar de su vida a aquello que le molestaba en su aparente desarrollo: los no nacidos y los ancianos.

Relativismo Moral

El relativismo moral da cabida al materialismo como aparente fuente de felicidad. Los avances tecnológicos lo fomentan y dan el paso al capitalismo. Todos los valores anteriores parecen estar mal y se propician las oleadas contraculturales donde se exalta el placer libre como una manera de seguir desenfrenadamente buscando la felicidad. Aquí se crea todo el ambiente para la drogadicción, la desintegración familiar y la creación de esta cultura de la muerte de la que tanto hablo Juan Pablo II.

Tantas divisiones en el mismo hombre y en sus diversas maneras de concebir al mundo y de concebirse a sí mismo fomentaron el relativismo. Para qué el hombre se esfuerza e intenta comprender la existencia humana si entonces todo es relativo. Surgen tantas teorías en la práctica sin mediaciones de ningún tipo: no a la Iglesia, no a los sacramentos, no a la moral. No a nada. Cada quien interpreta su propia cosmovisión con ello, dejan de existir patrones objetivos que guían y dan referencia.

Pérdida de la Identidad

Todo este desenfreno donde ha caído el hombre, lo ha hecho perder su identidad, parece que ahora todo es posible y todo es bizarro. Parece ser que todo es aceptable y todo está bien. Parece ser que todo es relativo y que no existe ya una moral que guíe a la persona sino más bien la filosofía de los Memes.

La psicología a lo largo de la historia ha intentado entender al hombre, pero desde mi perspectiva de una forma muy reduccionista, dejando de lado lo esencial: su dimensión espiritual.

El hombre es obra de Dios

El hombre es la obra más maravillosa de la creación. Con la ayuda de Dios es capaz de llevar a término las obras más buenas y santas, pero en su misma limitación y pobreza, marcada por el pecado original, está necesitado de Dios para poder emprender esas obras que Él mismo suscita en el alma de quien entabla una relación de amor con su creador.

Él no quiso salvarnos sin nosotros. Respeta nuestra libertad, pero requiere de nuestra colaboración para salvarnos. Quien lo incluye en su vida, lo experimenta en su alma, se siente amado por Él y lo invita a cargar el dolor que ocasiona la vida misma, es quien podrá tener una existencia plena aquí en la tierra; y con ello, podrá emanar de esa misma alma que entra en comunión con su creador obras buenas que no tendrán un carácter inmanente que se quedarán en el aquí y en el ahora, sino que trascienden de manera significativa en otros, dándole un verdadero sentido a la propia vida.

Dios fuera de la vida

Si bien es cierto que no todo lo que el hombre ha emprendido a sido desacertado a lo largo de la historia y que la ciencia en sí misma no es la culpable, el sacar a Dios de la misma vida ha empeorado las cosas. Todo lo que nos sucede actualmente en cuanto a los desastres naturales no son castigos de Dios. Pero también debemos reconocer que el hombre también en el mal uso de su libertad a cavado poco a poco, minuto a minuto su propio agujero en cada momento histórico de su propia existencia en este mundo, creando una serie de sufrimientos que quizás no estaban contemplados que viviésemos.

Es por ello que la pregunta que desde mi perspectiva debemos plantearnos no es qué le pasa al mundo o culpar a Dios de todo lo que nos sucede cuando más bien habría que preguntarse qué le pasa al hombre para haber llegado al punto histórico donde hoy nos encontramos.  El haber sacado a Dios de su vida y con ello, haber cortado ese vínculo con el verdadero amor, el Dios de justicia y de paz se ha roto esa unidad mente-alma en el mismo hombre que -desde mi perspectiva- nunca tuvo que haberse perdido en el camino.

Regreso a Dios

Estamos en un excelente momento para reflexionar y volver la mirada a Dios. Dejar de preocuparnos tanto por el fin de mundo y más bien ocuparnos por nuestra conversión personal, por poner los medios para buscar a Dios, por ser una mejor persona, por buscar el bien común y ayudar a otros en esta sociedad tan quebrantada.

Mercedes Vallenilla

Mercedes Vallenilla

Psicóloga Católica Virtual / Conferencista Internacional / Escritora / Blogger

Psicóloga con más de 25 años de experiencia dentro de la Iglesia Católica en diversos países. Pionera en la atención psicológica de manera virtual con 17 años de experiencia. Autora de 4 libros sobre psicología y espiritualidad cristiana. Estudiante en su fase final de la Maestría en Ciencias de la Familia para la consultoría en el Instituto Pontificio Juan Pablo II.

Mercedes Vallenilla

Psicóloga Católica Virtual / Conferencista Internacional / Escritora / Blogger

Psicóloga con más de 25 años de experiencia dentro de la Iglesia Católica en diversos países. Pionera en la atención psicológica de manera virtual con 17 años de experiencia. Autora de 4 libros sobre psicología y espiritualidad cristiana. Estudiante en su fase final de la Maestría en Ciencias de la Familia para la consultoría en el Instituto Pontificio Juan Pablo II.

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