Desconexión Moral

En muchas ocasiones en este blog he hablado de la moral como aquella brújula interior que nos indica que hacer y cómo conducirnos en nuestra vida (si quieres ahondar más en este tema, ¿Doble moral?

Existe en la persona un valor que la constituye o conforma que es su mismo ser. A su vez, existe un valor moral que se refiere a cómo actúa la persona; a ello lo llamamos el deber ser. El ser es lo que somos y el deber ser es cómo actuamos conforme a lo que somos. Lo que nos motiva ha actuar de cierta manera es aquello que hemos experimentado previamente que tiene un valor para nosotros y que hemos descubierto por medio de nuestra experiencia que representa un bien para nosotros mismos. Y cómo lo hemos vivido entonces lo optamos conscientemente y en libertad como algo que deseamos forme parte de nuestro ser.

Desconexion moralA partir de esta experiencia positiva nos sentimos motivados a buscarlo como algo de valor para nosotros. A su vez, al constituirse en un valor moral importante se convierte en una referencia interior por medio de la cual juzgamos a través de él la experiencia humana en base a un bien o al mal. Depende de cada persona que pueda descubrir por medio de su libertad y de las acciones que decide emprender, si un valor será un valor moral para si mismo o no y en ello influirá mucho la situación o ambiente en que crezca y haya sido formado, las inclinaciones que tenga desde sus rasgos de personalidad, la educación que haya recibido y en las circunstancias de vida favorables o desfavorables a las que haya sido expuesto -entre otras cosas-.

El psicólogo social de origen Canadiense Albert Bandura *profesor de la Universidad de Stanford quien ha hecho infinidad de contribuciones al estudio del aprendizaje y del comportamiento social (interacción social) le llamó mucho la atención que todos los estudios que se habían desarrollado hasta entonces, estaban centrados en cómo el individuo aprendía normas morales sociales y cómo éstas guiaban nuestra conducta social en torno a lo bueno y a lo malo. Se asumió que al seguir estas normas morales interiores que formamos y moldeamos a través de la conducta social, nos dan sentido de orgullo y satisfacción personal, lo cual a su vez nos otorga un valor intrínseco en si mismo.

Pero lo que a Bandura le llamó la atención, fue que al estudiar los comportamientos humanos se dio cuenta que una persona puede cometer actos humanos muy crueles, pero a la vez ser una persona muy compasiva y humana en otro entorno, como lo podría haber sido un soldado en un campo de concentración quien fue capaz de asesinar cruelmente a una persona y a su vez llegar a su casa a abrazar a su niña pequeña mientras le leía un cuento de la manera más cariñosa posible. La pregunta que fundamentó el estudio fue: ¿por qué las personas buenas cometen actos malos?

La investigación que llevó a cabo, le indicó que la adquisición de estas normas morales son solo la mitad del proceso para explicar los actos humanos y que existe una parte muy compleja que complementa este rompecabezas y que es el proceso dinámico que se gesta en la mente humana y en la interacción social para explicar el por qué un ser humano catalogado como bueno comete actos morales malos que dañan a otros.

A este mecanismo lo llamó proceso de “desconexión moral”, el cual fue definido como un proceso de la mente donde tenemos la capacidad de conectarnos y desconectamos de nuestras propias normas morales de manera selectiva con determinadas personas y en determinados ambientes.

La investigación de Bandura demostró que en el proceso de conexión y desconexión moral la mente lo lleva a cabo a través de ocho mecanismos que operan de diversas formas en la mente constantemente y que están algunos de ellos “colados” en nuestro diario vivir.

El más poderoso mecanismo de desconexión moral según Bandura es el mecanismo de Justificación Moral donde usamos palabras buenas para “santificar” una acción moralmente incorrecta. La acción es moralmente incorrecta pero se justifica con palabras “santas” para supuestamente obtener algo bueno, justo y mejor. Un ejemplo es “estoy robando, pero es para darle a aquellos que menos tienen”, “el dueño de la tienda al que robé es malo, le estoy dando la oportunidad de purificar sus pecados; al final le estoy haciendo un bien no solo a él sino a la comunidad a la que le estoy regalando lo que le robé” Podríamos decir una especia de Robín Hood social.

Otro mecanismo de desconexión moral se llama el Lenguaje Eufemista, entendido como palabras suaves, bonitas, decorosas con la que se sustituye otra palabra franca, clara o grosera. De esta manera, se encubre el acto moralmente incorrecto o incluso malo haciéndolo parecer un acto bueno; como por ejemplo: “sustraje ciertos productos que sabiamente reorienté de manera más adecuada, equitativa y justa para los que menos tienen, al final es justicia social” o “estoy ayudando a otros por medio de mi ministerio que salvará a muchas almas y mis hijos tienen que ofrecer el que no esté en la casa para prepararles la comida por un bien mucho mayor de salvación que Dios nos bendecirá al final en abundancia como familia” para justificar conductas que no son moralmente correctas.

El tercer mecanismo de desconexión moral se llama Comparaciones Ventajosas, donde la persona se ubica o se compara con una persona que ha hecho un acto moralmente con mayor gravedad en sus consecuencias o se compara con otras personas que han desarrollado actos moralmente más graves o dañinos para no lucir de esta manera tan mal moralmente hablando. De esta forma, se establece que lo que se ha hecho es malo, pero nunca tan malo como lo que ha hecho otra persona dado que ubica su humanidad en un parámetro mucho más bajo con el que se compara; pero sin que signifique que su acto moral sea correcto. Un ejemplo de esto sería si la persona que ha robado en una tienda dijera: “bueno es que aunque sustraje algunas cosas de la tienda para dárselo a los que menos tienen, no soy malo ni ladrón solo soy justo y me preocupo por los que menos tienen. Malos y ladrones son todos esos que robaron como en el caso de tantos políticos o empresarios que ya estan en la cárcel” o “aunque mis hijos se quejen de que no esté en casa debido al ministerio, no sé de qué se quejan, el pobre sacerdote si que no tiene a nadie quien le ayude y ese ni se queja”.

Estos tres mecanismos no solo operan para desconectar nuestra moral de nuestras conductas destructivas, malas o moralmente incorrectas, sino que sino los intervenimos porque creemos fielmente en estas justificaciones o mecanísmos y no los hacemos conscientes; con el tiempo nuestra moral se puede enganchar con estas conductas destructivas o moralmente incorrectas, asumiéndo el comportamiento de forma constante y normal incluso como si fuera una misión casi de vida.

Existen otros dos mecanismos de desconexión moral que operan para trasladar, evadir y que impiden asumir responsabilidad de nuestros actos. La Difusión de la Responsabilidad donde se diluye dentro del grupo la responsabilidad y esto puede hacerse de tres maneras. La primera es mediante la toma de decisiones grupales, donde “si todos decidimos, todos somos responsables” pero al final nadie lo es. La segunda es la fragmentación de la conducta inmoral la cual aisladamente se ve muy débil y con poco peso, pero cuando se junta en un todo es una conducta que moralmente tiene un gran peso por la consecuencia conjunta que tuvo el acto. Y la tercera manera es el anonimato, la cual la persona puede alegar que solo formó parte de un grupo y que dentro de ese grupo “otros” tomaron las decisiones y que no conoce quienes fueron.

El Desplazamiento de la Responsabilidad que ocurre en sistemas donde la persona comete una acción moralmente incorrecta porque “alguien” más poderoso que él le indicó hacerlo y su rol es obedecer órdenes. Pero por el otro lado, está aquel que dio la orden que alude que fue un mal entendido y un daño causado no por una orden específica y el subalterno cometió sin intención de cometerlo más que por un mal entendido. En este tipo de sistemas ineficaces, se desplaza la responsabilidad de unos a otros en dos niveles, pero a su vez se desplaza a un lugar inexistente -una especie de limbo- dentro del sistema donde nadie termina asumiendo la responsabilidad.

La Minimización de las Consecuencias es otro mecanismo que opera para desconectar la moral de la conducta, pues opera cuando el sujeto minimiza las consecuencias o el impacto que sus actos han ocasionado. Cuando esto sucede, el sistema moral no puede activarse porque no he hecho consciente las consecuencias del acto y por ende, distorsiono la realidad objetiva que percibo con mucha dificultad. En el ejemplo que cité al inicio, es como si la persona que robó la tienda dijera “no fueron tantas cosas o ésta persona tiene como salir adelante” o “mis hijos se quejan de que comen mal debido a que estoy en el ministerio pero estan bien gorditos y saludables” pero si en realidad hago consciente que quizás la persona se fue a la quiebra porque pidió un préstamo para comprar lo que robé o que mis hijos no están comiendo balanceadamente sino alimentos “chatarra” y por eso estan subiendo de peso, entonces no hay manera de que la moral se active y juzgue el acto como moralmente incorrecto.

Los dos últimos mecanismos son los más dramáticos porque posan la culpa en la víctima del acto moralmente incorrecto. La Atribución de la Culpabilidad es el mecanismo que se expresa como la capacidad de trasladar constantemente la responsabilidad posando culpas en otros, pero en especial en la víctima haciéndola culpable y el victimario justifica de esta manera sus acciones: “Si la violaron pues quien le manda a ponerse esa minifalda”.

La deshumanización como último mecanismo de desconexión moral es grave y serio, porque si colocas al ser humano en una especie de subcategoría, entonces eliminas la capacidad de experimentar incluso hasta cierto sentimiento de empatía al decir: “se merecía que lo robara pues era un cerdo migrante que siempre olía mal y que llegaron a este país a robarnos nuestros trabajos y que además tiene un hermano en la cárcel por delincuente”, la persona justificará al deshumanizar a la víctima su acto moralmente incorrecto que fue robarle a una persona decente, buena y trabajadora que no puede ser discriminada por su origen, que está legalmente en el país, que paga impuestos y contribuye con el desarrollo de la sociedad; y mucho menos culparla por los actos de su hermano. Este mecanismo es característico de personas altamente delictivas.

Los mecanismos anteriormente descritos no solo colaboran para que el ser humano desconecte su moral y cometa actos moralmente incorrectos siendo una persona buena con un sistema de valor moral recto. De igual forma, también sirve para hacer un acto que en apariencia no parece ser bueno como por ejemplo, quitarle las vendas y cepillarle las heridas a un paciente en la unidad de quemados causándole un enorme dolor, pues la persona que hace el acto que en apariencia no es bueno, es capaz de llevarlo a cabo porque se ha conectado con su sistema moral y al conectarlo con él sabe que es un bien para la persona aunque le ocasione mucho dolor en el momento. También funciona para que las personas puedan a su vez y en sentido inverso transformar su conducta moralmente incorrecta y puedan conectarla con un sistema moral correcto.

Estos hallazgos de Bandura han sido de gran importancia para comprender el comportamiento humano y su relación con la moralidad. Comprendemos no solo que los factores que entran en juego en la cotidianidad son el mismo individuo, las circunstancias que vive así como la situación dentro del sistema laboral o familiar en el que se encuentre inmerso.

Pero para los que creemos en Dios, no solamente podemos vernos con esa mirada en una mente que tiene la capacidad de desconectarse y conectarse con su sistema moral, sino que teniendo una visión antropológica adecuada, sabemos que no solo somos eso: una mente que opera en si misma incidiendo sobre nuestra conducta, sino que tenemos un alma que ha sido hecha a imagen y semejanza de Dios y que hemos sido creados con una naturaleza humana que desea optar hacia un bien.

La ley moral ha sido visible a lo largo de la historia en el comportamiento del hombre incluso de diversas culturas. Ella es definida como aquello que nos indica el bien y el mal, como una especie de juego limpio o comportamiento decente que quizás no genera auto compensación inmediata en el ser humano que lo práctica, pero si en el entorno en el que éste vive, al final a la humanidad entera.

El mismo ser humano apela a que se viva la ley moral. Esto se afirma cuando el hombre espera que otro ser humano la viva como un modelo de comportamiento aceptado de forma natural y que es esperado por la mayoría -con algunas excepciones-. A diferencia de otras leyes que existen como la ley de la gravedad donde las piedras se comportan de forma exacta a lo que marca la ley o a algunas leyes químicas donde el material se comporta exactamente a como la ley lo dice, nosotros los hombres no solemos comportarnos como la ley moral lo indica, aunque lo tengamos claro y deseemos incluso hacerlo. Es por esto que como seres humanos estamos sujetos a todas las leyes que compartimos con lo creado; pero la ley moral o natural es la única que el ser humano puede desobedecer y de hecho desobedece.

En el pasado, se pensaba que, como ley moral o natural, todo el mundo la conocía quizás de una forma innata, por lo tanto, no era necesario enseñarla. Pero la evolución histórica del hombre parece indicar que todos tenemos una idea bastante clara de cómo “debemos” de comportarnos debido a esta ley moral o natural, pero es una realidad que al parecer no logramos hacerlo y no nos comportamos así porque no somos perfectos. Estamos claros que no nos comportamos como quisiéramos hacerlo. Sabemos que debemos, pero no lo hacemos todo el tiempo como lo deseamos.

Por lo tanto, la ley moral o la ley de la naturaleza se rige por un poder que los cristianos, llamamos “Dios” quien se descubre en el interior del alma, y que es quien nos indica lo que debemos de ser y hacer, al final un hacer de forma correcta que represente un bien para nosotros mismos y para la humanidad. A su vez, para poder reconocer esto y tener acceso de forma plena a ello, necesitamos reconocer los hechos dramáticos que a veces nos encontramos inmersos; reconocer que no actuamos como debemos o como queremos, necesitamos desalentarnos, pedir perdón y pedir el auxilio de ese poder supremo que llamamos Dios.

Tenemos al ser creados una naturaleza donde está inscrito el sello de Dios. Por naturaleza estamos hechos para el amor y es en el amor donde viviremos una existencia plena. Pero en la vida se pueden vivir acontecimientos generados justo por la falta de coherencia de vida de otros, que hieren la propia y es allí como se debilitan esos actos o hechos que expresan en el interior y no, porque no tengamos claro lo que debemos de hacer, sino que expresan que hemos sido heridos y que necesitamos ayuda para sanar y componer esa herida teniendo incluso quizás una ley moral interna clara. También, aunque tenemos una naturaleza que está llamada para el bien, tienden al mal debido al pecado original, para ello también necesitamos la gracia de Dios para poderla encauzar y perseverar en nuestros buenos deseos.

Al final y aunque tengamos en la mente la capacidad de conectarnos y desconectarnos por medio de mecanismos tan claramente definidos por la psicología social, el conocerlos nos ayuda mucho a observarnos, a vigilar y orar teniendo una vida de gracia constante que nos ayude a perseverar y así para poder estar atentos a todo nuestro ser y poder vivir en coherencia con nuestro deber ser: lo que somos y el cómo actuamos.

Es el mismo Dios que otorga la gracia para fortalecernos en nuestras luchas -si lo buscamos constantemente- y ayudarnos a vivir en coherencia entre aquello que pensamos que puede estar representado por ese sistema moral que formamos (ser) y entre nuestras acciones (deber ser), llevándonos a la unidad y plenitud de vida, pero a su vez con una consecuencia muy significativa para la sociedad donde habitamos.

1* Bandura, A. (1986). Proceso autorregulador de la conducta moral. From social foundations of Thoughs and Actions: A social Cognitive Theory. USA.
Mercedes Vallenilla

Mercedes Vallenilla

Psicóloga Católica Virtual / Conferencista Internacional / Escritora / Blogger

Psicóloga con más de 25 años de experiencia dentro de la Iglesia Católica en diversos países. Pionera en la atención psicológica de manera virtual con 17 años de experiencia. Autora de 4 libros sobre psicología y espiritualidad cristiana. Estudiante en su fase final de la Maestría en Ciencias de la Familia para la consultoría en el Instituto Pontificio Juan Pablo II.

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