Libros

Mis libros

Yo no soy escritora. No tengo un estilo literario. Solo soy un instrumento de Dios que desea corresponder a su amor y compartir todo lo que Él me ha enseñado por medio del sufrimiento y del dolor.

Cuando en 1999 un sacerdote amigo me pidió escribir mi primer libro, creí que era una idea totalmente desproporcionada a mi capacidad. En este día, me parece mentira mirar atrás y encontrar que -sin darme cuenta- he escrito cuatro libros y que actualmente me encuentro ya iniciando el proyecto para comenzar a escribir el quinto libro.

La razón por la que lo hago es muy simple. He encontrado en la escritura un medio muy eficaz para gritarle al mundo que Dios existe y que debemos abrirle las puertas de nuestro corazón. Porque cuando el dolor es compartido, es que es comprendido, no solo por el que sufre sino por los que nos rodean. Compartir lo que llevamos dentro, ensancha nuestro corazón de amor y nos permite abrir nuestros horizontes mucho más allá de nuestra propia situación de dolor, pero sobre todo, es la manera con Él sabe hacer algo bueno de eso no tan bueno que nos haya pasado ayudándonos a convertir el plomo que vivimos en oro para nosotros mismos y para los demás.

Nunca imaginé los frutos que mi primer libro tendría y eso me inspiró a seguir correspondiendo con lo que Dios en cada uno me ha pedido trasmitir. El sacrificio que para mi implicó ha quedado totalmente en un segundo plano ante los frutos de conversión y sanación que los libros han tenido. Él, en cada uno de mis libros, ha sabido hacer para cada una de las almas que los han leído, lo que desea. Es la gracia la que toca los corazones por medio de cada uno de ellos. Él, como buen Padre que es, solo me ha permitido ver -un poco- de lo que hace.

Cada uno de mis libros ha sido una prueba fehaciente del “ciento por uno” aquí en la tierra que Cristo nos ha prometido dar, a aquel que desea cumplir su voluntad. No me queda duda alguna que es Dios quien dirige la vida de aquellos que se le prestan a la suya en libertad. A mi no me queda más que agradecerle a través del compartir de mis experiencias con el mundo, lo mucho que me ha regalado y lo poco que he podido devolver.

Al final de la vida por lo único que quiero ser recordada, es por el amor que en nombre de mi Buen Pastor quise entregar de diversas formas a los demás – en especial- a los que sufren y no le han encontrado un sentido a su sufrimiento. En especial, a aquellos que sufren y se sienten solos, abandonados y con pocas posibilidades de encontrar a alguien que los ayude en el camino.

Espero que si lees uno de ellos, eso sea lo que signifique para ti: un encuentro gozoso con Dios y que quizás le encuentres un sentido a lo que viviste o vives actualmente.

Muchas Gracias. ¡Dios te bendiga!

Mercedes Vallenilla de Gutiérrez