Psicología Católica Integral - Mercedes Vallenilla
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El hombre está llamado a vivir una vocación integral. Una vocación que no puede vivirse en plenitud porque el pecado original atenta contra la unidad, ocasionado una desintegración en el ser. Si esa desintegración conduce al hombre a infligirse heridas emocionales, crea un efecto exponencial a la desintegración inicial que limita al hombre aún más en su capacidad de amar.

La Iglesia con sus brazos abiertos invita a todos los hombres a conocer a Dios. Su razón de ser es cuando logra otorgar una ayuda eficaz para recuperar esa unidad perdida, signo visible de la fraternidad humana. Para ello, necesita alinear la realidad humana actual a la sobrenatural, para que así la redención ocurra en los que más desintegrados en su unidad están.

El psicólogo católico juega un rol esencial en su misión de ayudar a otros por medio del acompañamiento integral a vivir un humanismo que ayude a trascender su vocación a una más profunda y plena. De lo contrario, el hombre permanecerá con una tarea inconclusa sin que la pueda resolver, perdiéndose a sí mismo si continúa rechazando a Dios como su punto de referencia y de partida (Pigna,1988).

La creación

Aunque todo en la creación estaba en armonía, Dios vio que “no es bueno que el hombre esté solo” (Génesis, 2:18 Versión de la Sociedad Bíblica Católica Internacional). Adán vivía en armonía con la creación, pero no tenía con quien identificarse, pues no alcanzaba a ver a nadie como él. 

En psicología diríamos que Adán no tenía dónde afirmarse y esta es una condición necesaria de la naturaleza humana para poder abrirse a la experiencia del amor. Es necesario que el hombre sienta que existe para el otro, al otro que ve, percibe, toca, conecta y se relaciona. Pero para que ello ocurra, necesita estar en igual de condiciones, verse de la misma manera como si se viera en un espejo y reconocerse en el otro. Así sabe que existe, se valora porque importa al otro. Allí es cuando puede experimentarse amado sin que tenga que hacer nada extraordinario, simplemente por ser.

De ese hombre originario que vivió en soledad se desprende una de las características esenciales del cuerpo humano y es que es simbólico. Es decir, al crear a Eva es que mira a carne de su carne y ese cuerpo se le hace simbólico porque se mira en él. Un cuerpo que expresa sorpresa, gusto y placer como unidad de lo visible e invisible, siendo el punto de contacto con el otro a través de los sentidos (West, 2007).

El plan de Dios en ese amor originario entre Adán y Eva era perfecto. En esa unidad originaria se comprendía una completa integración entre el alma y el cuerpo. Ellos experimentaron una profunda unidad de voluntad y de deseo. Como marca, el Génesis estaban llamados a ser una sola carne (Génesis 2:24).

Unidad originaria

De esa unidad originaria se desprende la otra característica del cuerpo humano: el hombre es nupcial. Es a través de ese cuerpo que es capaz de comunicar todo ese simbolismo en ese lenguaje del amor nupcial (West, 2007), pues está hecho desde la creación para relacionarse, siendo el atractivo físico solo el inicio. Por eso, “andaban desnudos, pero no sentían vergüenza” (Génesis, 2:25)

El pecado original fractura esa unidad originaria que disminuye la libertad del hombre sumiéndolo en un conflicto que trae una desintegración completa con la triple concupiscencia. Nunca más los cuerpos buscan responder a esa completa armonía y voluntad. Esa mirada de amor se distorsiona desordenando el deseo sexual y esa capacidad de amar llamada a conducir a la unidad del hombre en él y en otro (West, 2007). El hombre comenzó a estar desnudo y sentir vergüenza.

La felicidad originaria de Adán y Eva venía de vivir y amar como Dios ama: con un amor libre, total, fiel y fecundo. Hechos el uno para el otro creados para una comunión sagrada y perfecta: ser un don mutuo entregándose a si mismos en una integración del alma y del cuerpo.

La redención

Jesús, con la entrega de su vida, dio la posibilidad de restaurar esa alianza que se había perdido con el pecado original que deformó ese plan original de Dios. La analogía del matrimonio expresada en el mismo amor, donde Cristo vino para entregar su vida por su esposa, la Iglesia. 

Su entrega es un llamado a volver la mirada a Dios, para poder purificar ese pecado y así vivir el plan originario de la creación en la donación en el amor. El marido, al igual que Cristo, es aquel que ama y la mujer, al igual que la Iglesia, es aquella que es amada (West, 2007). Él imitando a Jesús donándose a su esposa y a la Iglesia. Ella, imitando el amor de la Iglesia que recibe ese amor y acoge a todos donándose a si misma. El nuevo Adán y la nueva Eva. Jesús y María.

Significado del corazón en la Biblia

Spahn (2012) afirma: “Cuando en la Biblia se habla del corazón, este quiere representar a toda la persona, todo su interior y no solo el órgano físico” (p.38).

El hombre que ha recibido un corazón nuevo ha realizado una transformación en el interior, porque el Señor puede quitar un corazón de piedra y dar un corazón de carne (Ezequiel 36:26). El corazón en el nuevo testamento representa el centro del alma y del espíritu del hombre, el punto de partida de toda la acción humana (Spahn,2012) donde el amor de Dios ha sido derramado en los corazones por el Espíritu Santo que ha sido dado (Romanos 5,5). Un corazón que acoge el amor de Dios.

El apego seguro

La familia que se crea cuando estos corazones han acogido el amor de Dios, ofrece a su vez la posibilidad a sus miembros de experimentarlo al regresarlos a las vivencias de las experiencias originarias con el creador como fruto natural que surge de ese amor de los esposos. Pero cuando la familia no puede cumplir con su cometido partiendo de ese amor, ocurren consecuencias en la psicología de sus miembros, afectando profundamente su afectividad y con ello, su capacidad de amar en ese corazón que seguirá aún más herido en toda su persona.

El rol materno o incluso del cuidador principal ha sido muy estudiado. El concepto del apego alude a “la disposición que tiene un niño o una persona mayor para buscar proximidad y el contacto con el individuo, sobre todo bajo circunstancias percibidas como adversas” (Safrany, 2005). Este se manifiesta por medio de “cualquier forma de conducta que tiene como resultado  la conservación de la proximidad con otro individuo identificado al que se considera mejor capacitado para enfrentar al mundo” (Bowlby, 1983, p.40).

El vínculo, por otra parte, es definido como el lazo afectivo que una persona forma entre sí mismo y otro, lazo que los junta en el espacio y perdura en el tiempo. La conducta de apego se puede desarrollar con diversos individuos, mientras que el vínculo afectivo se limita a pocos. Por ello, la formación de una relación cálida entre el niño y la madre es crucial para la supervivencia y desarrollo saludable del niño, siendo tan crucial para la salud mental como lo son las vitaminas y proteínas en la salud física. Ver: https://psicologiacatolicaintegral.com/articulos/ensenaras-a-volar/

La familia y los patrones

Los patrones como se interactúa con los padres son la base desde la cual los niños construyen “modelos de respuestas internos” guiando las relaciones. La función es interpretar, anticipar, planear y guiar el comportamiento del otro y el propio en la relación afectiva (Safrany, 2005). “La relación de apego actúa como un sistema de regulación emocional, cuyo objetivo principal es la experiencia de seguridad emocional” (Safrany, 2005, p. 5-15). La organización afectivo-cognitiva, que se conoce como vínculo, provee continuidad en el funcionamiento interpersonal desde la infancia hacia la adultez y se expresa a la hora de intentar vivir en el amor con otro.

Cuando un adulto estableció en la infancia un vínculo seguro, obtienen mayores niveles de satisfacción en relaciones de pareja, mejor manejo de las emociones negativas, mayor capacidad de buscar consuelo en figuras de apego, así como mayor capacidad para establecer lazos afectivos. Se establece una identidad definida que se expresa en la capacidad de amar de una forma más plena.

En cambio, las relaciones de apego tempranas distorsionadas estarán ligadas con la psicopatología a futuro, creando distorsiones en la personalidad y trayendo una enorme incapacidad para relacionarse. Esto repercute considerablemente en él estableciendo de relaciones de pareja y a su vez, hacia los hijos. Al final, en el matrimonio y la familia.

Desorden de Privación Emocional

Baars (2018) psiquiatra católico estadounidense, a documentado una tesis sobre el desorden de privación emocional que ocurre cuando las condiciones para el desarrollo emocional faltaron durante la infancia. La frustración del niño al no recibir su necesidad esencial de amor y aceptación conducen a su estancamiento en su crecimiento emocional, generando infinidad de síntomas clínicos.

El concepto de afirmación es básico en la interacción familiar. Esto, no es específicamente lo que una persona hace por otra, sino más bien el estado de ánimo que surge al estar conscientes de la bondad de otro ser que se revela sin hacer nada a cambio. Cuando esto ocurre de forma natural en la familia, la vida emocional está completamente desarrollada, la capacidad de amar estará plena y podrá manifestarse entre todos y hacia otro (Baars, 2018)

La auténtica afirmación nunca es una técnica que cambia la voluntad o condiciona la mente, es la forma de estar presente en la vida de otro con la atención plena en todo su ser. Esta, no es aumentar el concepto de la autoestima, tampoco es mejorar la seguridad emocional por medio de frases positivas o condicionamientos conductuales y asertividad (Baars, 2018).

El rol de la Iglesia en el Acompañamiento

El rol de la Iglesia en el acompañamiento a través de los pastores y laicos comprometidos por medio de la escucha, que debe ser como un encuentro de libertad, que requiere humildad, paciencia y la disponibilidad para comprender. Empeño orientado a transformar el corazón de quienes la solicitan con una actitud interior de sintonía con el Espíritu Santo, el gran aliado en esta tarea de acompañar.

Por tal motivo, considero que la escucha que debe brindar el psicólogo católico como un profesional de la salud mental, no es solo una escucha donde se recopile información diagnostica que derive en un tratamiento terapéutico en sí para alcanzar un objetivo, aunque sea lícito y bueno. Como han mencionado los obispos de la Iglesia, más bien necesita ser una forma profunda como Dios ha escogido relacionarse con su pueblo para buscar que el alma experimente esa redención del corazón herido por medio de la tarea del acompañamiento.

La Iglesia por medio de la escucha debe salir al encuentro de cada uno de esos hombres que sufren un holocausto de desamor, asumiendo con responsabilidad la tarea de ayudarlos a liberarse del sufrimiento que los hace esclavos. Al ver al psicólogo católico en la misión de acompañamiento, puedan reconocerse porque ven reflejado el amor de Dios. Para que esto ocurra se debe recuperar el valor pastoral y teológico como fundamento sobre el cual repose lo que se haya adquirido por medio del conocimiento de la ciencia, si no quedará reducido su valor.

Cuando la familia no cumple con su misión, se atrofia la capacidad de amar porque se inhabilitan sus miembros al no ser afirmados en su propia existencia. Considero que esto es como si Adán no hubiera podido confirmarse en Eva, porque simplemente al no poder un ser humano confirmarse en aquellos que están llamados a hacerlo por medio del amor, entonces ocurren graves consecuencias en el interior del hombre, perpetuando una cadena generacional que se heredará de esos hijos heridos irremediablemente a sus futuros hijos.

El camino a la integración

De esta manera, la familia continuará desintegrándose con una herencia generacional interminable. Pues cuando la persona a través de su cuerpo simbólico que comunica lo invisible por medio de lo visible, no encuentra ese simbolismo en el otro, que lo afirma, le confirma su existencia y le dice solo con su presencia que es importante para el otro simplemente por estar allí y ser persona sufre profundamente la consecuencia.

Ante esta realidad histórica que los psicólogos evidenciamos a diario de estos niños afectados por el fallido intento de sus padres de amarlos; surge un nuevo llamado a rehabilitar no solo sus mentes sino sus corazones para que sean purificados en el amor y puedan abrirse a la redención.

Al emprender el camino a la recuperación de la no afirmación en el ser, los psicólogos católicos podemos ayudar a restaurar aquello que no recibieron en su infancia. Pero, considerando que, no estamos llamados a sustituir el amor de sus padres, pero sí estamos los psicólogos católicos en capacidad de acompañar en la misión de ayudarlos a descubrir ese nuevo significado a la luz del amor de Dios y así, la redención sea posible. 

Experimentar la afirmación implica sentir que no están solos, aprender a confiar en alguien sin ser traicionados, hablar libremente con quien se sientan seguros sin miedo a ser juzgados. Necesitan sentir empatía y ese abrazo misericordioso de Dios que será fiel a pesar de haber fallado. Necesitan argumentos para comprender por qué no está bien su deber ser. Necesitan vivir la experiencia de la fidelidad de ese amor de Dios que nunca dejará que el ser humano caiga y si cae, será el encargado de rescatarlo.

Acompañamiento Psicoespiritual

Por ello, la respuesta verdadera está en poder brindar ese acompañamiento psicoespiritual basado en un humanismo integral que tiene una visión ontológica, biopsicosocial y espiritual, que los lleve a Dios para que puedan experimentar ese amor que saldrá a su encuentro para reparar, acomodar, restaurar todo aquello que la libertad del hombre ha estropeado, viciado y distorsionado.  Al ser escuchados por nosotros, los psicólogos católicos, puedan ser reconocidos, acompañados y reafirmados en esa privación emocional sufrida. Recuperar el simbolismo del cuerpo que se expresa y que es reconocida su existencia en otro.

Los apóstoles de Emaús no reconocieron al Señor. María Magdalena no reconoció al Señor, sino cuando Él la llamó por su nombre. Él los llamó por su nombre para recordarles su nueva identidad, aquella que habían adquirido con su perdón. Todos fueron reconocidos y afirmados sin que sus fallas los hubieran definido, sino por quienes se convirtieron después de haber conocido el amor del Señor que fue transformado su interior con un nuevo sentido.

Rol del psicólogo católico

Los terapeutas bajo nuestro rol de psicólogos católicos también estamos llamados a ayudar a otros a encontrar una nueva identidad sin lo que se perdió en el camino de la vida y con lo que se ganó por medio de este gran aprendizaje abierto a la trascendencia. Pero, dependerá de si los psicólogos católicos les ofrecemos el punto de referencia adecuado en la redención, utilizando las herramientas que la ciencia nos han brindado en nuestra formación para que, pueda integrarse de una mejor manera su identidad de hijos amados por Dios.

Al ayudar a recoger esas partes que quedaron en el camino después de haber sufrido un gran dolor, una pena, un hecho traumático, un abuso físico, emocional o sexual, un abandono, una injusticia, una tragedia, la propia traición de los que estaban llamados a amarlos. El sufrir como consecuencia de apego inseguro o del desorden de privación emocional, se puede redimir todo esto desde lo que la ciencia de la psicología hoy nos brinda desde el conocimiento a los psicólogos católicos, pero a la vez desde una visión profundamente espiritual como fundamento, teniendo siempre como testigo a Cristo y abiertos a la experiencia del amor reparador del creador.

Eso es lo que la resurrección significa en el contexto de la sanación interior, porque todas esas experiencias de dolor pueden ayudar a otros también a encontrar el amor. Considerando que fuimos amados antes de ser elegidos y que, como dijo el Papa Benedicto XVI, somos frutos del pensamiento del amor del creador.

El Rostro Humano de la Misericordia Divina

La misión del psicólogo católico hoy está llamado a ser algo más profundo e integral que abordar el inconsciente para interpretarlo, enseñar un cúmulo de herramientas conductuales o cognitivas, ayudar a identificar y regular estados emocionales perjudiciales, implementar estrategias o hacer uso de metodologías de vanguardia como una panacea que ayuden al paciente a sanar.

Está llamado a ser el rostro humano de la misericordia divina que transmita el amor incondicional de Dios ante aquel que no recibió lo que estaba destinado a recibir por medio de sus padres dentro del seno de su familia como designio divino en el plan original de la creación.

Por tal motivo, considero que tenemos urgentemente que ajustar el rol del psicólogo católico que transite desde el secularismo a la psicoespiritualidad con una misión basada en una vocación a la santidad. Asumir el rol de ayudar a otros a integrar sus heridas emocionales y como consecuencia, se pueda restaurar la unidad, perdida por la falta de amor en el corazón del hombre herido, pero a la vez redimido.

Al sanar sus heridas, estaremos ayudando a las futuras familias y a los hijos de esos hijos a no seguir heredando esta cadena de desamor. Pero para ello, tenemos que incorporar el valor del poder de la redención como lo único que podrá dar significado a toda la experiencia vivida desde el rol que tenemos los psicólogos católicos a través del Acompañamiento Psicoespiritual.

Dra. Mercedes Vallenilla.

Vallenilla, Mercedes. (2023). Capacitación de psicólogos católicos en acompañamiento psicoespiritual virtual. [Tesis de doctorado no publicada]. Registro Público del derecho de autor. Número de registro: 03-2023-051208535800-01. Instituto Nacional del Derecho de Autor. 12 de mayo de 2023. México.

Bibliografía

Conrad W.Baars, M. a. (2018). Healing the Unaffirmed. Staten Island: Saint Paul.

Bowlby, J. (1983). Attachtment and Loss, volumen III, La Pérdida Afectiva. Primera Edición. Buenos Aires: Paidós S.A.I.C.F.

Pigna, A. (1988). La vocación: teología y discernimiento. Madrid: Artes gráficas Benzal, S.A.

Safrany, K. R. (2005). Vínculo y desarrollo psicológico: la importancia de las relaciones tempranas. Revista digital universitaria, 3-15.

Spahn, C. (2012). tratado de mariología. Chiapas: FRIC y DIM.

West, C. (2007). Teología del Cuerpo de Juan Pablo II. West Chester, PA: Asension Press.

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Dra. Mercedes Vallenilla

Psicóloga católica con especialidad en psicología social. Maestra en Matrimonio y Familia. Doctora en Educación, con estudios de postdoctorado en Psicología. Autora de cuatro libros sobre psicoespiritualidad. Pionera en Psicología Virtual con 30*+ años de experiencia.

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