¿Qué es el éxito?

IMG_7589Los grandes logros no se obtienen en un día. Los cambios de mentalidad no ocurren en un momento. Lo cierto es que todo gran logro que nos conduce al éxito requiere de todo un proceso donde muchas derrotas están intercaladas con pequeñas victorias.

Pero para que cada una de esas victorias que el mundo ve y aplaude, hay detrás muchas historias personales conquistadas en el interior. El triunfo de México ante Alemania, es un buen ejemplo de ello. Hoy celebramos en todo México el triunfo de la selección mexicana. Muchos mundiales en que hemos soñado, sufrido y rezado ante la televisión. Pero ese triunfo de ayer, no se gesto solo ayer, sino muchos años atrás donde un sin fin de personas se atrevieron a dar esos pequeños pasos intercalados de innumerables derrotas interiores y dificultades no visibles para todos.

Ayer pensaba que esta victoria fue en el momento y en el partido menos esperado. Muy pocos pensábamos que este partido sería donde México si podría. Y es que las circunstancias así lo decían no en vano el grupo fue nombrado “el grupo de la muerte”.

Detrás de toda esta selección hay años de un proceso no solo individual, sino grupal e incluso social, donde poco a poco se fue ganando terreno mientras se pensaba que más bien ser perdía. Terreno que fue conquistado antes por muchos de los exjugadores que hoy vemos en la televisión como comentaristas. Exjugadores donde les vemos el paso del tiempo en las arrugas de sus caras y que recuerdan con nostalgia las grandes hazañas que en sus tiempos se habían logrado, pero a su vez el reconocer que gracias a ellas, hoy estamos donde estamos.

Estos jóvenes que ayer ganaron tenían quizás 10 años cuando estos jugadores se atrevieron. Y el ver que alguien te precede en ese camino conquistado, influyó de manera significativa en la mentalidad con la cual crecieron y actuaron. Saber que otros han recorrido un camino donde quizás les toco quitar la maleza para soñar con que algún día habría una autopista.

El cambio de mentalidad podríamos definirlo con un cambio en la manera de pensar. Una manera de pensar quizás interiorizada como inferioridad ante una maquinaria que se percibía fuerte y poderosa, no solo en la musculatura y la estatura, sino en lo que la rodea.

Pero hoy estamos ante la presencia de jóvenes que han venido durante muchos mundiales observando lo que otros se atrevieron a hacer. Y hoy tenemos el resultado en frente a nosotros y a todo un mundo que se ha sorprendido con el.

El cambio de mentalidad no solo requiere que “alguien se atreva” a ir un poco más allá. Requiere que alguien deje sus miedos adelante y se atreva a soñar en grande. Requiere estar concentrado y poder enfrentar los miedos interiores que son tan personales como un cepillo de dientes. Requiere un alto umbral de tolerancia a la frustración y una enorme confianza en los talentos y dones que se tienen.

Pero para poder lograr el éxito, en cualquier escala personal o grupal se requiere también que nos permitamos experimentar. Que permitamos poder ir descubriendo en el camino qué es a lo que estamos llamados, cuáles son nuestras habilidades que solo descubriremos si somos capaces de lanzarnos a probar. Descubrir en esas pruebas para qué somos buenos y para qué no somos tan buenos, pero sobre todo qué es lo que nos hace feliz. Pero esto solo es posible si tenemos la apertura a fallar y no solo a ganar. Estar dispuestos a experimentar y a aprender de esa experiencia.

Cuando no se es feliz en un camino de vida o estamos viviendo muy mal el camino de vida el cual hemos escogido o no lo estamos viviendo bien. Ante eso, podemos intentar experimentar hacer cambios para corregir aquello que pensamos nos hace vivir mal el camino de vida escogido y si esos cambios no nos hacen feliz significa entonces que debemos pensar diferente y abrirnos a experimentar un nuevo camino de vida.

Esta claro que quien se arriesga y se abre, se fortalece en sus capacidades y de igual forma se fortalece emocionalmente. Pero quien se aísla y se focaliza en un solo camino de vida, se debilita en todas las dimensiones de su persona y siente que no está logrando el éxito que debería lograr.

La palabra “éxito” viene del latín “exitus” que significa salida. Esto significa que emprendemos cierta acciones que nos dan “salida” o cauce para lograr aquello que deseamos lograr. Podemos también interpretar que nos “sacan” de donde estamos para llevarnos a donde queremos estar y no solo en una esfera de la vida, sino que esto se repite en muchos escenarios de nuestras vidas constantemente y a veces de forma simultánea.

Pero para emprender estas acciones, es cierto que debemos proyectar en forma de expectativa que es lo que estamos persiguiendo, qué es lo que queremos lograr. Pero muchas veces, el sentir o experimentar de una persona que “siente” o “cree” que no ha tenido éxito, se debe en ocasiones a que en primera instancia aquello que proyecta lo proyecta en una escala inalcanzable, digamos que lo que desea lograr “de repente” lo desea lograr sin pasos o escalas, sino todo de una vez. Eso sería equiparable a proyectar un viaje alrededor del mundo que requiere de muchos kilómetros pretendiendo no hacer escalas en ninguna parte. O haber pretendido que México le ganara ayer a Alemania si ese hubiera sido su primer juego en su primer mundial.

Por tal motivo, sino alcanza aquello que proyecta se siente frustrado y piensa que no ha tenido éxito; cuando en realidad eso no es correcto sino la manera en que proyecta aquello que desea alcanzar que fue “inalcanzable” porque lo proyecto de forma absoluta y no de forma relativa. Y de seguro, con el resultado alcanzado podríamos en circunstancias normales valorar que tuvo éxito la persona porque en esa etapa y en esa escala, el resultado fue favorable e hizo sentir a la persona feliz, lo que alimenta incluso el volver a generar conductas consonantes con ese anhelo o expectativa de ir a conquistar más.

El otro error común cuando perseguimos algo, es el modo en que deseamos hacer las cosas. Y eso está relacionado con el punto anterior, pues no solo se proyecta una meta que no se alcanza de una vez ni tampoco en poco años de forma absoluta, sino que el modo en que lo desea hacer debe ser “perfecto”. Esto castra emocionalmente porque es una fuente de frustración constante, pues nunca será suficiente dado que no es realista que siempre desempeñemos un patrón de conducta perfecto. Y en caso de que se lleva a cabo ese modo, es más bien cuando hemos dominado una habilidad, conducta o escenario después de haber practicado muchas veces navegando entre aciertos y errores. Después de haber construido mucha historia detrás. Después de haber ido muchas veces al mundial.

Esto de igual forma hace que la persona piense erradamente que ha fracasado, cuando en realidad el camino hacia el éxito esta justamente compuesto de muchos momentos de aciertos intercalados de muchos momentos de desaciertos. De errores y de aciertos es que juntos en combinación se construye el camino al éxito. Los errores nos permiten probar las hipótesis del camino por donde no debemos de acudir, de las conductas que no nos ayudarán o de la manera como debemos de corregir dichas conductas. Y cuando el resultado es adecuado, entonces eso nos confirma que ese es el camino por el cual debemos de seguir, cuáles son las conductas que debemos de repetir porque ellas no solo nos hacen felices, sino que nos indican qué nos ayudará y que no nos ayudará a perseguir nuestros sueños.

El éxito nos genera una felicidad porque el resultado ha sido consonante con lo que hemos proyectado y porque hemos obtenido lo que hemos deseado. Pero si proyectamos sin una expectativa tan alta y más realista cuando se consigue acertar el gozo es indescriptible lo que motiva a perseguir más. Sin embargo, no podemos proyectar de manera absoluta ese resultado como la meta final a llegar, aunque ya tengamos más de la mitad de la vida o -peor aún- cuando hayamos ya llegado a la mayoría de edad. Eso introduce una tensión emocional que obstaculiza el mismo desempeño, generando una presión interior innecesaria convertida por pensamientos de “debo y tengo” en vez de “quisiera y me gustaría” que son más afables y placenteros permitiendo el desempeño libre y motivado.

A los 25 años no se puede decir que ya se alcanzó el éxito, pero mucho menos se puede decir que no se ha alcanzado el éxito. Pues la vida laboral apenas comienza y hay todo un camino que recorrer que todos corren de manera muy diferente, porque las circunstancias de vida que se han vivido y se viven son diferentes y los rasgos de personalidad también son diferentes. Lo que pudiéramos decir entre los 25 y 35 años, es que hasta ese momento se va por buen camino y que los resultados que se han obtenido de esos pasos dados -hasta esa fecha- así como la felicidad con la que se vive indican que se está teniendo éxito. Y si en el transcurso del camino se siente que no se está siendo feliz incluso a pesar de estar “teniendo éxito” entonces es un buen indicador de que es necesario renovarse interiormente para emprender otro camino de vida.

Pero si eres una persona que desea crecer e ir por más en tu desarrollo personal, esta es la manera de ver la vida pues, aunque puedes decir “ya tuve el éxito que quería y aquí me detengo” la tarea de sentirse en plenitud y de crecer con la vida nunca acaba si estamos dispuestos a ir transformándonos permanentemente.

El éxito no se alcanza “de repente” pero mucho menos en la edad de adulto joven en el promedio de la población, aunque si existen excepciones históricas. El éxito en el promedio de la población se alcanza más bien hasta la madurez de vida, pues hay muchas circunstancias que hay que ir manejando en el interior para poder gestionar ese exterior de forma exitosa.

La vida da muchas vueltas y todos nos hemos topado con personas que al parecer son muy exitosas donde unos años más tarde vivieron un descalabro de vida donde perdieron todo. O también hemos visto a personas con vidas laborales exitosas pero en sus vidas personales y familiares destruidas. Es por eso por lo que hay que ir con cautela, explorando y disfrutando la felicidad que produce acertar, pero sabiendo que no es ni debe ser una tarea concluida mucho menos a tan corta edad cuando todavía hay “mucha tela que cortar”. Y ese éxito de vida no puede a su vez juzgarse solamente por una sola dimensión en el éxito profesional, más bien debería de ser en todas las dimensiones de la vida de la persona.

Pensar lo contrario, produce tanta ansiedad y presión social que destruye e incapacita a la persona a ir por sus sueños. Y esta es una de las tantas razones por las que los jóvenes de hoy se sienten deprimidos, porque no han alcanzado a los 25 años “el éxito” que no están en edad de tener o alcanzar.

 

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