Olviden la Pasta de Dientes

pasta-dientes-coloresDesde pequeña escuche siempre la gran necesidad de que los esposos aprendieran a conocerse en el noviazgo pues de esta manera les sería más fácil adaptarse a las duras complicaciones que surgían en el matrimonio en sus inicios. Complicaciones que comenzaban a vivir de manera tortuosa al llegar de la luna de miel al vivir juntos en esa vida de ensueño y de amor. Inmediatamente después de esta breve y general argumentación, venía invariablemente la historia de la pasta de dientes como el ejemplo culmen de la convivencia en el amor. Con asombro escuchaba como lo peor que te podía pasar en ese período de adaptación, era que uno de los dos apretara la pasta de diente por el medio en vez de por la parte baja. Recuerdo estar muy pendiente de puberta de entrenarme en apretar la pasta de diente por donde debía, para evitarme un futuro tan aterrador donde mi matrimonio se rompiera por eso.

El otro día al escuchar a una persona decir lo mismo, inmediatamente reflexione en lo que en mi consultorio he escuchado infinidad de veces en las crisis matrimoniales. Crisis que no son siempre de matrimonios maduros que fueron cayendo en la rutina, sino de matrimonios muy jóvenes con muy pocos años de casados que ni siquiera llegaron a cumplir las bodas de papel.

Este ejemplo de la pasta de dientes me parece que hoy en día tiene tan poco peso y validez ante lo que veo y escucho a diario. Pues me parece que es tan insignificante si uno de los dos aprieta la pasta de diente por el medio o por debajo ante las razones por las cuales un matrimonio llega a una crisis y salta a la ruptura interior.

El cómo se aprieta y en dónde se aprieta la pasta de dientes es irrelevante. Es de aquellos elementos que considero de forma y no de fondo. Los elementos que si hacen que perdure un matrimonio son elementos fundamentales que van muchos más allá de ciertos hábitos de comportamiento como el uso correcto de la pasta de dientes.

Hoy en día los jóvenes justamente no solo se unen a vivir juntos antes de casarse porque realmente experimentan un profundo miedo al matrimonio, sino porque además no creen en el. Y, en consecuencia, no saben discernir qué elementos son realmente esenciales y qué elementos no lo son. Al final, parece que meten todo en una licuadora (forma y fondo) y le dan el mismo peso al coche que desean tener que al querer o no tener hijos o que al creer o no en Dios.

El noviazgo es justo el período en la evolución del hombre donde necesitan los novios aprender a discernir si hay compatibilidad en esos elementos esenciales o no. En aquellos elementos que si son de fondo y que son los que existiendo podrá cimentarse toda la relación de noviazgo y en un futuro la de esposos.

Por elementos esenciales me estoy refiriendo no solo a los que pertenecen al ámbito afectivo dentro de la esfera psicoemocional, como son; el respeto mutuo, la valoración, la expresión del amor, el deseo de ser corresponsable con el otro y buscar siempre el bien del otro, el sacrificio, la donación y un sin fin de elementos que están dentro de ella.

Me refiero de igual forma a la experiencia del amor que se haya recibido, al bagaje familiar que se haya vivido en el pasado pues allí se aprendieron los patrones afectivos más importantes que se replicaran de alguna forma al estar casados. A las heridas emocionales que se tengan o no y si se está dispuesto a tratarlas o no. Al sentido de pertenencia que se viva y con quien se vive. Al deseo de formar o no una familia. A que rol tenga ésta y que significado le atribuye la persona. Al rol de la sexualidad como un elemento integrador del amor esponsal o más bien como el elemento que define la relación apenas comienza y por el que se cree que hay que tener compatibilidad para que la relación funcione y perdure en el tiempo. Ignorando que el organo sexual más importante es la razón y no el placer sexual que resulte de ella.

De igual forma, me refiero también a elementos de la dimensión cognitiva. Con esto puntualizo a las creencias nucleares que tenga la persona sobre temas relevantes y esenciales de la vida. En este sentido entra el tema de las creencias religiosas, si se cree o no se cree y en qué se cree. No es algo para tomar a la ligera, porque tener una cosmovisión de si mismo y de qué lugar se ocupa en esta tierra y de cuáles son los referentes de la persona, determinan de manera muy significativa como se vive la vida, de qué forma se orienta en base a aquello que creemos y cuáles son los valores morales que la fundamentan. Qué se desea perseguir y el cómo se desea vivir. Desde dónde se parte y hacia dónde se va.

También entra en esta dimensión otro tema de relevancia como la apertura o no a la vida, que postura se tiene ante el respeto a esa vida y la dignidad de la persona. Aquí me refiero a temas como el aborto provocado o la eutanasia. Qué se cree en torno al desempeño de roles del hombre y la mujer tanto en el trabajo como en la familia y cómo se espera combinar ambos roles; pues de eso dependerá lo que se espere de cada uno cuando estén casados y así se evitarán después de casados la típica frase de: “me lo cambiaron”, cuando en realidad fue que nunca lo hablaron.

Dentro de este tema de las creencias en la dimensión cognitiva también entran los significados que se tengan respecto a algunos temas. Esa atribución de significados dependerá de las creencias nucleares que se tengan almacenadas en la memoria como producto del proceso de aprendizaje recibido en los primeros años de vida. Pues nunca será lo mismo si creo en Dios lo que para uno significa el valor de la Eucarística que sino cree uno de los dos en Dios pues no significará nada al respecto. O, por ejemplo, si se cree en la caridad y en el amor, significará mucho la ayuda al prójimo, pero sino se cree en eso no significará nada en la vida de la persona. Al final, perseguimos en la vida aquello que creemos por lo tanto eso significará mucho para nosotros.

Otro aspecto relevante es el alma de la persona. Es un alma bondadosa o no. Es un alma que está abierta a Dios o es un alma que no conoce, pero esta abierta a conocer o es un alma soberbia endurecida por el pecado, por resentimientos que no se han perdonado y que se culpa a Dios por ello. La dimensión espiritual es muy relevante en la vida de la pareja, pues es la base para que la gracia sostenga y santifique al matrimonio y potencie lo que se recibe a través del sacramento.

La dimensión corporal es otro de los elementos esenciales. Cómo es el cuidado del cuerpo, cómo se trata al cuerpo. Cómo se vive, se come, si se tiene o no un estilo de vida sano. Si se tienen vicios constantes. Si se vive de forma equilibrada o no.

Pero lamentablemente hoy en día el impulso es lo que mueve a las relaciones de noviazgo en su mayoría, cuando todos son aspectos que nada tienen que ver con esto. Muchos de los jóvenes de hoy, viven su noviazgo sin cuestionar, sin ver ni siquiera estos elementos. Solamente se dejan llevar por el impulso vano de “me da la gana” o “no me dio la gana” o “si tuve o no ganas” o como decimos en México “me late o no me late”. Cuando en realidad la gana de cara a la antropología del hombre no significa ni representa nada. Esto es solo una expresión de la ligereza con la que se vive la vida y por la falta de elementos de discernimiento en las relaciones humanas es que no toman decisiones de vida fundamentadas. Aspectos por lo tanto, que no pueden sostener una relación de noviazgo y mucho menos un buen matrimonio.

Y así es como se viven las relaciones, sin cuestionar nada de esto. Sin preguntar nada de esto. Y no se lo preguntan ni siquiera porque no se lo plantean. Porque no hay raíces de fondo que permitan al joven cuestionarse preguntas claves y trascendentes en la vida.

Entonces más bien los elementos de decisión se basan en pasar buenos momentos, en el coche de marca, en el éxito que haya tenido en el trabajo, en el dinero que gane, en la ropa de marca que use, en si es guapa o no, en si le cae bien a mis amigos o no, en si a su familia le parece “mona” o “chula” y en si el sexo es bueno o no es bueno.

Y así se llega, si es que llega el matrimonio. Sin las bases correctas. Sin una afectividad madura. Sin una dimensión cognitiva cuestionada y argumentada. Sin fundamentos que se conviertan en cimientos con el tiempo. Más preocupados por no apretar la pasta de diente por el medio que por otra cosa. Y ocurre entonces lo que yo llamo un “choque de trenes” pues cuando no hay madurez afectiva o cuando no se tienen las mismas creencias nucleares, se perseguirán cosas muy diferentes en la vida, creando un sufrimiento enorme donde cada uno intentará remar para su carril porque piensa que es lo correcto.

Emprender la vida matrimonial de esta manera, esta llamada al fracaso. Y el problema realmente no es que el matrimonio sea un muy mal estado para el hombre, sino más bien el hombre con tanto materialismo e inmadurez, lo ha llevado a vivir la vida tan ligeramente que entonces ese ese mismo hombre que no sabe vivir el matrimonio de forma adecuada. Pero no porque este mal el matrimonio como sacramento, sino porque no se llega preparado para el mismo. Más bien se llega con pisos tan endebles que no permite que el matrimonio llegue ni siquiera al aniversario “de papel” pues todo se redujo a eso desde el inicio, a algo tan ligero como el papel que se lo lleva el primer viento que sople porque no tiene peso de donde agarrarse.

El fracaso en un negocio, el haberse equivocado en una carrera, el haber perdido el dinero, el haberse enfermado son todas situaciones dolorosas pero que se superan con un amor verdadero a tu lado y el amor de Dios en el centro pero habiendo plantado bajo el sótano del edificio cimientos verdaderos de concreto. El fracaso en el matrimonio es muy doloroso y llena de tristeza toda una vida. Es increíble que se inviertan tantos años a estudiar carreras, cursos y posgrados, y se invierta tan poco en esto que es lo más importante para un ser humano porque será la base que motivará y sostendrá al resto.

Para vivir un verdadero matrimonio con una relación basada en un amor verdadero que sea libre, total, fiel, fecundo y exclusivo realmente no es relevante si aprieta o no la pasta de diente por el medio, es más relevante responder en ese período del noviazgo a todas y cada una de esas interrogantes esenciales, porque definiendo todas y cada una de ellas, es que se cimentarán los verdaderos fundamentos de la relación en un futuro. Y cuando eso sea así, lo de menos será por donde se aprieta la pasta de dientes, pues más bien se estará preparado para cuando ocurran los verdaderos problemas que surgen en la vida como lo son las enfermedades, la pérdida del trabajo o del primer bebé, la presión social, la educación de los hijos, la falta de dinero, la traición de un amigo, la muerte inesperada de un familiar, todo se podrá sostener en esos cimientos. Con estas bases, la consecuencia -sin buscarla- será siempre buena, incluso en la vivencia de la misma sexualidad como una expresión culmen de ese amor esponsal. Eso vendrá por añadidura como una consecuencia natural de lo anterior.

Jóvenes, por favor olviden por dónde se debe apretar la pasta de dientes para que el matrimonio funcione. Concéntrense y más bien ocúpense en hacer las preguntas correctas y esenciales que los sostendrán toda una vida.

 

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