Enseñarás a volar…

IMG_7246Estos primeros quince días del mes de mayo, hemos visto inundadas las redes sociales de fotos de madres con hijos, de nietos con abuelas e innumerables memes y videos que hacen honor a quien honor tiene: las madres.

Y no es para menos. El rol de la madre es insustituible en una familia. Cuando ella falta, sus miembros se ven muy afectados, no solo en un nivel afectivo, sino en su comportamiento. Y cuando existe al menos una abuelita o incluso, una “nana” que cumple con el rol del cuidador principal, restituye en la afectividad del niño algo muy trascendente, evitando una catástrofe futura en la misma afectividad que se expresará de forma clara en la vida adulta.

El rol materno o incluso del cuidador principal, ha sido muy estudiado. La teoría del apego de (Ainsworth, 1970) la define como la disposición que tiene un niño o una persona mayor para buscar proximidad y el contacto con el individuo, sobre todo bajo ciertas circunstancias percibidas como adversas. Esta disposición cambia lentamente y no se ve afectada por situaciones del momento.

Cualquier forma de conducta que tiene como resultado el logro o la conservación de la proximidad con otro individuo claramente identificado al que se considera mejor capacitado para enfrentar al mundo. (Bowlby, 1993, p.40) El vínculo por otra parte es definido como el lazo afectivo que una persona o animal forma entre sí mismo y otro, lazo que los junta en el espacio y perdura en el tiempo. Es por ello por lo que hablamos de lazos afectivos.

La conducta de apego se puede desarrollar con diversos individuos, mientras que el vinculo afectivo se limita a pocos. La formación de una relación cálida entre el niño y la madre es crucial para la supervivencia y desarrollo saludable del menor, por eso el desarrollo del apego de forma sana es vital para la vida misma. El amor materno en la infancia es tan crucial para la salud mental como lo son las vitaminas y las proteínas en la salud física. Los patrones de interacción con los padres son la matriz desde la cual los infantes humanos construyen “modelos de trabajos internos” de si mismo y de los otros en las relaciones a la hora de vincularse con otros.

La función de esos modelos es interpretar y anticipar el comportamiento del compañero, así como planear y guiar el propio comportamiento en la relación afectiva que se entable. Los bebés humanos, así como otros mamíferos están provistos de un sistema conductual de apego, como una condición esencial de la especie humana.

Por esta razón, seamos niños o adultos mantenemos la relación con la figura de apego dentro de ciertos límites de distancia y accesibilidad. Esto no solo es sano sino muy necesario. La relación de apego actúa como un sistema de regulación emocional, cuyo objetivo principal es la experiencia de seguridad emocional.El vinculo se expresa a nivel conductual por la búsqueda para conseguir y mantener cierto grado de proximidad hacia el objeto de apego, que va desde el contacto físico cercano bajo ciertas circunstancias, hasta la interacción o la comunicación a través de la distancia bajo otras circunstancias.

El vínculo permanece a través de períodos en que ninguno de los componentes de la conducta de apego ha sido activado. Por eso el vínculo se mantiene, aunque la persona no este cercana o próxima a la persona con la cual se ha establecido el vínculo. Es como si una madre sale de viaje, el lazo no desaparece y la seguridad emocional si se ha establecido un buen patrón emocional de apego, sigue intacto.

La naturaleza de nuestros primeros vínculos tiende a influir significativamente en la vida posterior, no solo en las relaciones futuras sino en el juego y la exploración. La forma como un niño organiza su conducta hacia su madre o cuidador principal afecta la manera en que organiza su comportamiento hacia los otros y el ambiente. La organización afectivo-cognitiva, que se conoce como vínculo, provee continuidad en el funcionamiento interpersonal desde la infancia hacia la adultez.

Se ha visto por lo tanto que las consecuencias positivas que se ven en los niños que han establecido un buen vínculo materno son entre otras cosas, que se muestran más cooperadores o colaboradores, expresan afectos más positivos hacia otros, expresan comportamientos menos agresivos de evitación hacia la madre u otros adultos. Son más competentes y compasivos. Tienen una mejor capacidad desarrollada para reflexionar sobre el mundo porque esta capacidad esta vinculada evolutivamente a la capacidad psíquica del cuidador para observar la mente del infante.

Estos niños que establecen vínculos adecuados con su madre a través de una relación de apego sana son capaces de hablar con espontaneidad, son más seguros emocionalmente y con mayor capacidad de explorar por tiempos prologados el mundo que los rodea mostrando y un mayor interés en todo. Para la resolución de problemas, son más entusiastas, curiosos, persistentes y auto dirigidos siendo más capaces de solicitar y aceptar ayuda de las madres. Obtienen mejores puntuaciones en las pruebas de desarrollo y lenguaje además de que tienen ventajas en el comportamiento social, regulación del afecto, una mayor resistencia a tareas desafiantes y en la orientación de sus recursos sociales y cognitivos.

Por otra parte, las consecuencias positivas en adultos del establecimiento de un vinculo seguro se encuentra en que obtienen mayores niveles de satisfacción e implicación en relaciones de pareja. Un mejor manejo de las emociones negativas porque traen consigo un mayor conocimiento de estas emociones a través de la sana experiencia afectiva del pasado. Muestra una mayor capacidad de buscar soporte y consuelo en las figuras de apego cuando lo necesitan de forma sana y equilibrada porque saben previamente que cuentan con ellos, pero sin depender de ellos viviendo una sana autonomía.

A su vez, muestran una mayor capacidad para establecer lazos afectivos, como la posibilidad de tolerar y beneficiarse de la separación. El Establecimiento de una identidad definida que se expresa en la capacidad de amar y trabajar.

Las relaciones de apego tempranas distorsionadas estarán ligadas con la psicopatología en el transcurso de la niñez y de la adolescencia creando distorsiones en la personalidad y trayendo una enorme incapacidad para relacionarse de manera adecuada.

Las relaciones tempranas madre-hijo tienen consecuencias que irremediablemente se presentarán en la persona. Las dificultades son problemas arraigados de origen de forma profunda en la personalidad de la madre. Los vínculos seguros con la madre son el objetivo legítimo de intervención y prevención de futura patologías en los niños.

El rol de la madre es tan relevante desde la creación en el plan de Dios, que genéticamente el ADN mitocondrial conserva exactamente el mismo código genético generación tras generación; es decir, si se analiza de un pariente lejano de otro siglo con un pariente que viene por la línea materna en este siglo, este será igual.

A nivel familia, el rol materno es esencial. Así como la familia es la base de la sociedad, considero que el establecimiento del rol materno en ella es la base de la afectividad de sus miembros. Muchas madres de hoy confunden este rol creyendo que una excesiva presencia es ser buena madre ejerciendo un rol “castrante” emocional con una excesiva atención y cuidado, mostrándose muy controladoras, inhibiendo el crecimiento de sus hijos a nivel afectivo al no permitir que se desarrolle la autonomía tan necesaria para que aprendan a asumir responsabilidad a cada paso del camino.

De igual forma, una madre ausente hace mucho daño en los hijos, los cuales crecen con la imposibilidad  de establecer este vinculo de manera adecuada, lo que los hace sentir “abandonados” aunque no lo pueden expresar de esa manera o incluso aunque la madre este presente pero de forma ausente en el hogar, lo que crea adultos con una herida de abandono que los hace muy inseguros al establecer relaciones afectivas sanas, siendo muy controladores, exclusivos, celosos, demandantes y dependientes afectivos.

En las primeras etapas de desarrollo, podemos ver cuando existe una mala adaptación porque no se está estableciendo una buena vinculación de apego con la madre, niños con excesiva impulsividad e incluso compulsión. A medida que van creciendo, se puede notar hasta crueldad o inhibición. En la edad escolar, alrededor de los 6 años, se puede notar cierta inercia, cuando el niño va con la corriente y no se le ven disposiciones autónomas sanas. En la adolescencia, se nota ya un claro repudio del mismo grupo escolar y para cuando llega a la edad adulta, existe la tendencia a establecer relaciones de exclusividad por esa misma mala adaptación.

Una persona que no se ha desarrollado afectivamente de manera correcta, en este caso por un mal establecimiento de su relación materno-filial, será de seguro un adulto incapaz de establecer una relación afectiva sana, no solo con su pareja sino en todos los ámbitos de la persona, como lo son con amigos, laboralmente y el enlace a la sociedad será poco pleno. La tendencia a establecer relaciones de codependencia afectiva será muy alta, dificultando el crecimiento que lleve a la plenitud de vida.

No en vano se celebra el día de la madre en el mes de la Virgen María. La madre que Cristo nos dejo en la cruz. Si te identificas con algunas de las cosas que he descrito en este articulo, es tiempo de buscar ayuda porque nunca es tarde para sanar. No heredes en tus hijos, las heridas que heredaste de tus padres.

Como dijo la Madre Teresa: “enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo, en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado”. La base afectiva permite que la capacidad de amar con la que hemos sido creados ayude a emprender el vuelo.

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AINSWORTH, M.D., Bell, S. (1970): “Attachment, Exploration, and Separation: Illustrated by the Behavior of One-Year-Olds in a Strange Situation”. Child Development, 41(1): 49-67.

BOWLBY, J. (1976): Attachment and Loss, volumen II. La Separación Afectiva. Buenos Aires: Editorial Paidós S.A.I.C.F.

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