Rut

Rut-y-NoemiEl libro de Rut pertenece a los libros históricos del Antiguo Testamento. Es el tercer libro después del Pentateuco. Rut es una de esas mujeres de la antigüedad que se nos presentan como otros personajes en la Biblia, para darnos un ejemplo e iluminar nuestras vidas y donde además se  revela el designio de Dios sobre sus orígenes en cuanto a su amor hacia el hombre, su fidelidad y su deseo de comunión en el amor conyugal.

El libro comienza con una situación adversa muy común en nuestros días. Elimélec se ve obligado a emigrar de Belén junto con su esposa Noemí y sus dos hijos Kilión y Majlón debido a una fuerte hambruna que se vivía en el país. Ellos salen de Belén de Judá hacía Moab, actualmente Jordania para establecerle como familia.

En Moab los dos hijos se casan con mujeres Moabitas. Es decir, de una descendencia diferente a la hebrea lo cual suponemos en ese tiempo fue de mucho significado. Kilión se casó con Orfá y Majlón se casó con Rut.

El texto bíblico señala que estuvieron casados 10 años y ninguno de los dos tuvo descendencia. Pero al cabo de ese tiempo muere el esposo de Noemí y los dos hijos de éste, dejando a las 3 mujeres viudas dentro de la misma familia.

En ese momento llega la desgracia. Las mujeres no tienen como sobrevivir y suponemos comienzan a pasar múltiples necesidades. Por todo ello, deciden regresar a Belén de donde era originaria Noemí pues en Moab no tenían futuro.

Noemí antes de partir las increpa para que ellas no regresen y se queden en su ciudad natal, pues no quería ser una carga para ellas. Orfá haciendo uso de su libertad, se arrepiente de irse con ellas y decide separarse del camino para regresar con su familia mientras Rut y Noemí prosiguen su camino hacia Belén.

Noemí llega a Belén de donde había partido muchos años atrás dejando todo. Su regreso genera ciertos comentarios en la sociedad de aquellos tiempos donde las leyes se observaban de manera muy apegada y actúan sorprendidos de que ella haya regresado. Debió haber sido duro regresar a su tierra después de tantos años en aquellas circunstancias que pudieran en estos tiempos haberse ganado el calificativo de “fracaso”.

Noemí en ese momento se describe como una mujer amargada, pidiendo que la llamasen “Amarga” y no Noemí. Esto expresa el estado de ánimo interior que debió de haber sentido quizás no solo por la falta de recursos, sino por la falta de familia, por la falta de amor; en especial, de descendencia que era todo lo que significaba para un judío.

Noemí regresa con su suegra a una tierra desconocida para ella y le promete fidelidad; es decir, que cuidará de ella por siempre. Regresa a Belén, la tierra de su difunto esposo y de su suegra. En esos tiempos existía una ley llamada “levirato” donde el hermano del difunto debía tomar por esposa a la viuda y el primer hijo que resultara de esa unión sería considerado hijo del difunto que perpetuaría el apellido y la descendencia. Además de ello, no solo el hermano del viudo o familiar más cercano en su defecto o “levir” debía de ocuparse de ella, sino que a su vez adquiría el derecho sobre las propiedades y los bienes.

En este sentido, los judíos no solo le otorgaban un profundo significado a la solidaridad y a la acogida, sino que como no creían aún en la resurrección porque aún no eran los tiempos del Mesías, ellos le daban una enorme importancia a la descendencia, pues de cierta manera garantizaban la inmortalidad del propio nombre a través de los hijos y de los nietos.

En este contexto es que Noemí le sugiere a Rut estando ya en Belén, el ir a trabajar a las tierras de un primo lejano de su esposo quien era el más cercano en la descendencia. Rut obedece y se pone a recoger espigas en el campo después de la cosecha pues era el oficio que podían hacer los desprotegidos para sobrevivir. Llama la atención de Booz, el dueño del campo esta mujer trabajadora y quizás silenciosa de aquellas mujeres recias y con fe que viven sus sufrimientos en silencio y hacen lo que les toca hacer. Al enterarse Booz de quien era, les pide a sus empleados no molestarla y le ofrece agua.

Noemí con el paso del tiempo le sugiere a Rut acomodarse e ir a una fiesta que se celebraría en honor a Booz. En ese momento surge el amor entre ellos. Rut se convierte en su esposa teniendo a un hijo varón llamado Obed. Con esto se concluye este final feliz: Noemí vive rodeada de la felicidad de un nieto pues perpetuaba y recordaba el legado de su hijo Majlón. Rut con su esposo y su hijo, ahora su nueva familia que la llenaba de amor y felicidad dándole un sentido trascendente, además de que todos sus problemas económicos se solucionaron. Booz con descendencia, Elimélec con su memoria a través de su descendiente y el pueblo de Israel le nace “Obed” quien será el abuelo del Rey David.

Este libro histórico tiene infinidad de semejanzas con situaciones que nosotros vivimos en el día de hoy. Muchos somos los que hemos tenido que migar por diversas razones, la mayoría por mejores condiciones de vida a un país extraño, con una cultura diferente y con leyes, comida e idiomas que no son familiares dejando todo atrás, al menos lo esencial que no solo son las costumbres sino el amor de la familia.

En la familia de Elimélec estamos representados muchas de las familias de hoy. Familias de hispanos que tuvieron que emigrar a Estados Unidos dejando atrás muchas cosas por una mejor calidad de vida arando el campo, trabajando quizás no en lo que les gustaba sino en lo que había disponible. Y esta familia se adapta, vive y progresa como muchos lo hemos hecho. Paso a paso, sacrificio a sacrificio para poder salir adelante en una cultura diversa.

Los hijos de Elimélec y Noemí, son nuestros hijos que se enamoran de jóvenes de otra cultura. Se casan y son felices. Pero no existe garantía que la vida pueda sorprenderles con un hecho de dolor que cambia todo el destino y la vida feliz que hasta ese momento habían vivido con tanto esfuerzo y sacrificio.

Cuántas veces cuando hemos migrado vivimos situaciones muy difíciles y extremas, que el solo estar a la distancia las agrava por la soledad con la que se viven. Y nos preguntamos: “cómo fue que llegué aquí”.

Pero la pena y el dolor no se quedan allí, sino que Noemí se ve en el ocaso de su vida sin descendencia y sin recursos económicos para salir adelante después de toda una vida de trabajo. Esto se parece mucho a la amenaza que para muchos hispanos representan hoy el tener que regresar a sus países de origen después de haber vivido toda una vida en Estados Unidos.

En Noemí vemos un amor muy puro, de profundo agradecimiento y fidelidad. Ella a pesar de la tristeza y amargura de su suegra, promete no dejarla sola y ese amor tan grande la llevan a dejar su país Moab para irse a migrar a Belén. En este sentido también vemos la universalidad de la comunidad judía de esos tiempos, que la recibe sin cuestionar y la acepta como una más. Vemos ese amor incondicional de filiación como un tipo de amor (filia) que es igual de fuerte que cualquier otro y que las lleva a esa comunión en el amor.  El amor de familia que sostiene como si hubiera un verdadero vínculo de sangre, sin cuestionar, sin quejas, sin egoísmos.

Los latinos tenemos mucho de esto. Los latinos cuidan de los suyos, piensan en los suyos, apoyan a los suyos. No abandonan a los suyos porque esos suyos han vivido una corresponsabilidad en el amor que se ha entregado toda una vida de manera mutua y reciproca por ello, en el momento en que ya no se puede más, ese amor entregado sale a flote para sostenerlo todo, entregando todo, aunque haya sacrificio de por medio.

El amor de Noemí llega al heroísmo, es un amor complaciente, que todo lo puede, que no se envanece, que no piensa en sí mismo. Que es capaz de donarse en totalidad porque reconoce que allí es donde está el sentido de todo. Que busca el bien del amado, aunque los planes hayan cambiado. Que la acompaña, no solo con empatía sino con la promesa de la fidelidad en el amor y le dice en el peor momento de su vida: “te prometo que estaré contigo”.

Pero Dios no es indiferente a esta fidelidad que expresa Noemí. Que se somete al plan de Dios y no de una manera pasiva, sino como un acto libre de la voluntad en el amor. La palabra sumisión y su forma verbal someter viene del latín submissio, donde “sub” significa debajo y missio significa a un encargo o propósito especial. Estar sometido significa estar donado uno al otro. La mutua donación, característica esencial del amor como don reciproco que lo alimenta diariamente.

En el plan de Dios Noemí estaba predestinada a cuidar de su suegra, pero fue ella quien en libertad optó por aceptar con amor esa realidad dolorosa y hasta quizás incomoda. La entrega amorosa surge cuando se antepone el amor y las necesidades de los demás ante que las propias, pero no como un acto insulso, sino como un acto de amor y de voluntad que optar en libertad por ello.

Vemos también en este relato la difícil toma de decisión en momentos de soledad, desamparo y pobreza, pero cuando se hacen a la luz de la fe y del amor nunca podrán traer una mala consecuencia sino más bien al final del túnel Dios recompensa esa fidelidad en el amor. Es en medio de esas situaciones oscuras que humanamente nos cierran el camino en apariencia cuando justo después de vernos confiar, Dios sorprende con su fidelidad al ciento por uno.

Toda relación requiere compromiso, reciprocidad, fidelidad y lealtad. En este caso vemos la importancia de la familia expresada en dos mujeres que caminan por las dificultades y alegrías de la vida. Migración, matrimonio, muerte. Nacimiento y vejez. Extranjeros, migrantes y locales. Al final, la importancia de la comunidad, de la familia, de la sociedad que comparte los mismos valores y creencias para poder sobrevivir y a la vez, poder vivir en plenitud llevando a su máxima expresión esa capacidad de amor que hemos recibido de manera natural cuando fuimos creados. Que se sostiene y se alimenta cada día. Que se motiva y se ayuda a continuar por esta vida, compartiendo las alegrías, pero también las tristezas de la vida.

Cuando se afronta el sufrimiento con amor y se le da un sentido pueden florecer realidades hermosas de vida. La fidelidad de Dios se expresó a través de la fidelidad de Booz quien fue muy bueno, acató la ley judía de cumplir con la ley del levirato por amor y asumió esa responsabilidad abriéndole las puertas del campo para más tarde abrirle las puertas de su corazón.

Booz quien no tenía descendencia contrae nupcias con Rut y allí vemos como todos son felices. El amor de esposos que se abre a la fecundidad y da origen al amor de la familia procreando a un hijo que le da sentido a toda la existencia humana incluyendo a Noemí. Un amor con todas sus características esenciales. Un amor libre pues Dios nos da su amor libremente. Un amor en donación total a semejanza del amor de Dios que es completo; se nos da todo entero, sin reservas. Un amor fiel, pues el amor de Dios nunca nos abandona y nunca deja de amarnos, viendo como la divina providencia cuidó de ellas. Y un amor fecundo pues el amor de Dios nos da la vida y está llamado a dar vida para tener una existencia plena.

Como menciona el catecismo de la iglesia católica en su número 1604: Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también el amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1:2) que es Amor (Jn 4:8-16). Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador (Gn 1:31) Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. “Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos y llenad la tierra y sometedla” (Gn 1:28)

Mercedes Vallenilla de Gutiérrez                                                                                         Psicóloga Social / Escritora / Conferencista Internacional / Blogger / Acompañamiento Psicoespiritual Virtual

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