Silencio: algunas pautas para lidiar con la crisis interior

IMG_4754Dolor y Amor. Es lo que hemos visto y vivido estos días en México. Este hermoso país que nos acogió hace 22 años, que hizo que mi casa fuera su casa y su casa fuera mi casa. Lleno de gente solidaria y generosa la cual nos ha extendido una y mil manos durante toda una vida.

Un país que no le importó mi acento venezolano, que sin conocernos nos prestó casa de amigos que en realidad eran solo conocidos, que se presentaron en el hospital a pagar las cuentas, que cuando se enteraron que había perdido mi coche en un accidente nos dieron uno mejor al que había perdido. Un país que se quita la tortilla de la boca, pero no de la boca de quien le sobra sino de la boca de quien le falta. Un país guadalupano con una hermosa y profunda religiosidad, que a pesar de los abarates de la vida no pierde la fe y confía mientras camina frente a su madre de rodillas con la esperanza puesta en ella de que ocurrirá un milagro.

Somos muchos los escritores extranjeros que escribimos de ello. Por parte mía, aunque ya en mi corazón no me siento extranjera sino una parte de ella, siempre había escuchado, vivido y visto la solidaridad del mexicano que los distingue mucho más que el mariachi  y el tequila; pero nunca lo había visto de una forma colectiva como en ésta oportunidad.

La primera impresión que me dio llegar a este país fue ver como cantaban el Himno Nacional, como celebraban el grito de la independencia, como –sin conocernos- nos brindaban una mano en actos que eran para nosotros demasiado plagados de generosidad. Como siempre encontrabas una mano amiga, alguien que aparecía de la nada a apoyarte.

El mexicano es así y es hermoso vivir y verlo de una manera tan clara en estos momentos donde estamos viviendo esta tragedia nacional. Dolor y Amor, ambas realidades juntas en una misma dimensión, en un mismo campo de batalla mientras la vida continúa entre llanto y algunas sonrisas.

Dolor por conocer tantas historias de personas sencillas que han perdido a sus seres queridos, tantos hogares enlutados, tantos niños muertos, la familia de muchos miembros que se murió en un bautizo, la maestra que protegió a sus niños y perdió la vida en ello, el joven universitario que apenas comenzaba su vida en aquel salón de clases donde la perdió ese día. Los niños de la emblemática escuela Enrique Rebsamen muertos cuando apenas comenzaban su vida y sus mochilas colgadas quedaron allí para darnos un recuerdo doloroso de la pérdida de sus vidas. Tantos hogares que se perdieron, viejitos que al final de su vida no les quedó nada ni siquiera la foto del recuerdo. Tantas historias que nos han arrugado el corazón y muchas que sabemos aún no conocemos.

Amor, al ver a tantos rescatistas llamados “topos” que no le tienen miedo a meterse en agujeros porque todavía hay señales de vida y porque su corazón late de amor mucho más fuerte que sus miedos. La sociedad entera que corrió a la calle a auxiliar a su vecino, a intentar rescatar de los escombros a aquel desconocido que se convertía en conocido solo por ser mexicano. A aquel que les tendía una mano llamándola “mamita”. A la viejita que salió a la calle con su olla de tamales y de tortas para alimentar a los rescatistas. A tantos voluntarios que se volcaron a las calles para ver donde eran necesarios.

A los jóvenes estudiantes que se pusieron su casco y se fueron a los edificios derrumbados. A las empresas que liberaron el servicio gratuito de celular y de internet para que pudieran conectarse con sus familias. A esos jóvenes “millennials” que dimos por perdidos que están diseñando y haciendo con sus manos camas para los albergues y muchas cosas más. A los centros de acopio que iniciaron por la sociedad civil que saco su tienda de campo e hizo de ella una tienda de amor y generosidad. A las cadenas humanas para cargar piedras y cuerpos humanos mientras se hace una reverencia. A las toneladas de comida que se han recaudado y que las grandes cadenas han donado, a los bancos que han eliminado las comisiones de los cajeros. A los reporteros que no han dormido para informarnos. A las estilistas, artesanos y personas del comercio pequeño que donan sus productos a cambio de comida para a su vez donar. A los pequeños comerciantes dueños de Tlapalerías que donan todos los picos y palas que le quedan sin pensar en si podrá librar la quincena. A todos los equipos de rescate que han llegado del extranjero y que nos han venido a traer esperanza, no solo con sus modernos equipos sino con su calma.

A pesar de que tenemos la capacidad de reconocer toda esta generosidad y solidaridad, de toda esta bondad que emana del corazón del mexicano, tampoco podemos olvidarnos de que somos seres humanos y que reconocer el amor no significa olvidar el dolor, es decir el dolor que ésta experiencia en particular me ha causado a mí en el interior.

Y es que las crisis afectan de manera diferente a cada ser humano. Influyen muchos factores para ello, entre los rasgos de personalidad, los patrones adquiridos en la familia, la experiencia o no en la autogestión del mundo emocional, las heridas que traigamos, la condición económica o social y sobre todo la religiosidad que se tenga o viva al momento de la crisis. Todos ellos confluyen de una manera sinérgica y multifactorial a la hora de procesar el dolor. Hay muchas personas que reaccionan de inmediato a la crisis con síntomas visibles y palpables, otras reaccionan más tarde -quizás- dos semanas, un mes o un año más tarde y es probable que un bajo porcentaje no presentará síntomas. Pero muchos bloquearán de una manera significativa lo vivido y seguirán adelante “como sino hubiera pasado nada”.

La manera como estas tragedias nos impactan es muy personal, tan personal como un cepillo de dientes. En muchos artículos he hablado de las crisis [Ver: Las crisis…]  este video puede darnos una idea de lo qué es y de lo que vivimos interiormente cuando nos llega un momento de dolor contundente en la vida y cómo nos desorganizamos emocionalmente.

Lo importante ahora en estos momentos es observarnos y observar a los que nos rodean si presentan o están presentando algún síntoma, pues no debemos ignorarlos y si debemos buscar ayuda en el caso de que no podamos gestionarlos con recomendaciones muy sencillas.  Hay muchos síntomas que sin importar la temporalidad en la que se presenten, pueden llegar a manifestarse de manera similar en las personas. Entre los síntomas que una persona adulta en crisis puede experimentar son:

  1. Desorganización emocional que se expresa por estados muy cambiantes en sus estados emocionales de forma extrema o polar, de la risa o el sarcasmo a la tristeza y el llanto.
  2. Angustia exagerada por todo o por cosas que no son significativas.
  3. Incapacidad para la toma de decisiones desde las más simples hasta las más complejas.
  4. Alteraciones en los patrones de sueño y apetito. Se duerme mucho o no se puede dormir, se come mucho o no se puede comer.
  5. Ansiedad que se caracteriza por estar nervioso todo el tiempo, reaccionar impulsivamente, percibir peligro constante, aunque no haya peligro real actual, deseo de control de todo incluso de sus seres queridos.
  6. Irritabilidad, impulsividad, no querer separarse de los seres queridos, no querer que salgan porque “algo puede pasar”.
  7. Reacciones de enojo desproporcionadas por hechos insignificantes de la vida cotidiana o estímulos sensoriales como que se cayó un vaso de cristal o que un niño llora.
  8. Proyección de un futuro catastrófico con situaciones específicas de caos.
  9. Pensamientos obsesivos y de angustia desbocada.
  10. Evasión de la realidad en algunos casos y actuar como si nada hubiera pasado y llamar “exagerados” o “cursis” a quien si expresan sus sentimientos.
  11. Un pragmatismo exagerado. Querer resolver la crisis interior con soluciones muy pragmáticas pero desconectado emocionalmente de lo sucedido y de lo que sucede expresado en un deseo de “ya hay que pasar la página, ¿no?”
  12. Se conecta con la memoria afectiva en este caso el terremoto del 85 o experiencias similares de dolor que la persona haya vivido y se pierde la línea entre pasado, presente y futuro y se hace una sola experiencia de mucho peso emocional sin poder hacer esta separación entre los tiempos históricos de lo vivido. Y de repente la persona comienza a llorar o a recordar la muerte de un familiar o algún acontecimiento de dolor del pasado sin explicación alguna.

Si alguno de estos síntomas los estás viviendo o los ves reflejados en un familiar adulto es importante tomar acciones al respecto. Aquí algunas pautas de lo que podemos hacer:

  • Cuenta TU Historia: Necesitamos acomodar cognitiva o racionalmente el hecho vivido como si estuviéramos narrando una película. Necesitamos expresar nuestra historia, aunque sea pequeña en comparación con la que vivieron otros. No debe darnos pena contarla cómo lo sentimos, cómo sucedió, dónde estaba, qué hice, cómo reaccioné, cómo me moví, que pensé, etc. Necesitamos tener la oportunidad de poder construir esa historia para después contarla y relatarla las veces que necesitemos hacerlo a otros. Ayuda mucho reunirse con amigos o con familiares para escuchar las historias personales de cada uno. Ayuda mucho si soy extranjero llamar a otros familiares con mucha frecuencia.
  • Cuenta lo que sientes: Necesitamos expresar lo que sentimos. Hay muchas personas que reprimen lo que sienten y eso no es correcto hacerlo porque esos sentimientos buscarán salir de seguro en el futuro y causaran problemas en la vida cotidiana enfermándonos. Necesitamos sacar de nuestro sistema lo que sentimos que esté asociado a la historia que vivimos. No importa el género o la edad, lo importante es poder conectar de manera correcta con lo que se siente y poder expresarlo para desahogarlos del sistema. Si el expresar esos sentimientos también se sienten ganas de llorar hay que hacerlo las veces y de la forma que se necesiten hacerlo. Hay personas que relatan que no pueden llorar, hay que conectar con el interior y dejar que el mismo sistema exprese el dolor y la angustia contenida a su momento. No hay parámetros en este sentido, algunas personas necesitan llorar mucho otras no. Lo importante es que hagamos lo que a nivel personal necesitemos hacer.
  • Hay que identificar cada uno de esos sentimientos: aquí una lista de ellos para ayudarte a identificarlos mejor en el caso de que se dificulte esta tarea:

Triste: melancólica, deprimida, decaída, infeliz. Angustiada: preocupada, con pánico, nerviosa, asustada. Culpable: con remordimientos, mala, avergonzada. Inferior: sin valor, inadecuada, deficiente, incompetente Solitaria: no querida, no deseada, rechazada, sola, abandonada. Turbada: tonta, humillada, apurada. Desesperanzada: desanimada, pesimista, derrotada. Frustrada: atascada, impotente, derrotada. Airada: enfadada, resentida, molesta, irritada, trastornada, enojada, furiosa.

  • Hay que tranquilizarnos de forma realista. Es decir, necesitamos mutuamente validar lo que sentimos y validar lo que otros sienten así sea diferente a lo que yo siento. No hay que decirle a alguien que se la ha muerto un familiar -por ejemplo- “sé cómo te sientes” cuando yo no estoy viviendo esa realidad. Es mejor decir frases como “lamento mucho por lo que estás pasando y no me imagino lo que puedes estar sintiendo” eso ayuda mucho a la persona que expresa su sufrimiento. De igual forma no hay que decir cuando un familiar o amigo este expresando sus sentimientos o lo que piensa “bueno, ya pasó, todo está bien, cambiemos de tema”
  • Identificar necesidades: qué necesidad concreta tengo en este momento preciso o tienen los que me rodean en cada momento y suplirla de manera concreta. Hay que identificar las necesidades más inmediatas y desarrollar acciones para suplir y atender dicha necesidad. Por ejemplo, si el esposo necesita ir a llevar comida a un centro de acopio y cargar camiones y la esposa necesita salir a pasear o escribir mensajes de aliento háganlo. Hagan lo que su mente y su alma necesita hacer para poder lidiar con el dolor de manera sana sabiendo que no todos necesitamos hacer lo mismo y respetar las diferentes necesidades personales. Lo importante, es decir: “yo necesito” y preguntar: “qué necesitas hacer tu”
  • Vincularse afectivamente: con redes de apoyo familiares, sociales o gubernamentales pues vincularse afectivamente es siempre una excelente medicina. El poder juntarse con la familia para pasar el tiempo o con los amigos es muy importante pues la afectividad se nutre de manera sana y nos activa los resortes emocionales interiores a la vez que nos hace sentirnos queridos y que no estamos solos, eso nos da seguridad emocional.
  • Normalizar los síntomas: si atendemos nuestros síntomas estos se normalizarán poco a poco. Ejercicios de respiración constante, hacer lo que nos gusta y ayuda, rodearnos de los seres que amamos, reflexionar sobre lo ocurrido, hacer un inventario dentro de la catástrofe de todo aquello bueno y hermoso que vemos es también muy necesario.
  • Enlace con ayudas: ayudar también sana. Ver otras historias de dolor nos ayuda a relativizar las propias, pero nunca demeritando la historia personal o reprimiendo lo que se siente porque “a mí no me paso nada”. Aunque veamos otras historias de dolor y nos ayuden a acomodar la nuestra siempre hay que hacerlo sin ignorar la propia pues no hay un termómetro de dolor personal.
  • No saturarnos: al exponerse en exceso a imágenes de dolor pues hay que estar informados y conectados con lo sucedido exterior e interiormente pero no al grado de saturarnos.
  • Definir actividades de autorregulación personal: que es lo que a mí me calma y me tranquiliza, que es lo que a mí me gusta hacer y me relaja. Hay que incorporar a la rutina diaria este tipo de actividades (deporte, música, pintar, ir al campo) para poder encauzar de manera sana los sentimientos interiores que se tengan y regular los estados emocionales de angustia y preocupación. Así la mente racional podrá entrar de nuevo a tranquilizar la mente emocional.
  • No tener pena de pedir lo que necesito:  si creo que necesito retirarme a casa de mis papás en otra ciudad o irme con un hermano, o unos días para estar con la familia no hay que tener pena de pedirlo si consideramos que eso es lo que necesitamos.
  • Tener cuidado en asumir roles para los cuales no estamos preparados: Hay que ayudar y ser solidarios pero cada quien en la sociedad juega un rol importante para el cual está preparado. Hay que dejar a los especialistas asumir el rol para el cual fueron preparados de antemano y hacer lo que tenga que ver con mi experiencia y mis talentos.
  • Observar a los que nos rodean para poderlos ayudar a gestionar su crisis interior.
  • No anticipar situaciones futuras: pues la mente se puede convertir en una fábrica de miedos y detonar el mecanísmo interior de “anticipo, controlo y proyecto” que a la larga detonará un transtorno de la ansiedad [Ver: PeligroEn este video podemos comprender qué son los miedos y cómo tratarlos para poder prevenir una situación mayor a futuro. [Ver: Los miedos: molinos de viento ]
  • La fe no contradice la condición humana: si soy una persona de fe practicante no hay que subestimar la humanidad. La fe no contradice la condición humana y no por tener fe hay que pretender que no nos afecto este hecho de dolor. La fe nos ayuda a sobrellevar el dolor pero nunca exige ignorar la condición humana.
  • Busca a Dios por amor y no por temor: conecta con las creencias religiosas que se tengan. Si eres una persona de fe, busca a Dios aún más en tu corazón y ve a dialogar con Él en la Iglesia para que te de la fortaleza y te ayude a tener paz. No incorporar explicaciones tipo “fin de mundo” que distorsionan totalmente la percepción de lo sucedido y crean mucho más temor en el interior. En este articulo podemos aclararnos sobre ese tema de manera realista. [Ver: ¿Fin de mundo? ]

En el caso de los niños, debemos de comprender que ellos se dan cuenta de todo lo que sucede, pero no pueden conceptualizarlo como nosotros lo hacemos y por lo tanto no logran verbalizarlo de la manera como nosotros podemos hacerlo. Por ello, es importante observar en ellos los síntomas que pudieran presentarse:

  1. Hiperactividad o al contrario retraimiento y pasividad. Solo los padres que conocen a sus hijos podrán identificar si están retraídos o hiperactivos.
  2. Alteraciones en el apetito en exceso o en defecto al igual que el patrón de sueño en exceso o defecto.
  3. Irritabilidad: cambió del carácter y se pueden poner “berrinchudos” o malcriados, quejumbrosos o groseros.
  4. Agresivos con sus hermanos, padres o amigos.
  5. Querer ser posesivos con sus pertenencias.
  6. No querer dormir solos.
  7. Enuresis: comienzan a no controlar esfínteres.
  8. Demanda de afecto exacerbado en particular con la madre. Deseo de estar cargados, o encima o demandando amor.
  9. Desanimo, tristeza. Deseos de estar solos o al contrario necesidad de estar acompañados y miedo a quedarse solos.

En el caso de los niños es importante seguir estas recomendaciones recordando que cada niño incluso dentro de la misma familia reacciona en base a sus rasgos de personalidad muy diferente:

  1. Hay que hablares claramente de lo que pasó adaptado el vocabulario a su edad. Podemos usar objetos como legos o tacos para explicarles al lado de una pelota que simule el planeta. Se pueden usar objetos de juego para explicarles lo sucedido que debe ser información clara, precisa y concreta: “la tierra se movió y por lo tanto las casitas que estaban sobre esa tierra también se movieron”. Podemos usar el tapete o la alfombra de la casa, poner los objetos arriba de ellos y mover el tapete para que visualmente comprendan que es lo que paso.
  2. Pedirles que a su vez ellos expliquen con dibujos o con los mismos juguetes que pasó, cómo lo vivieron y qué sintieron. Pueden hacer el edificio con legos o tacos y decirles “ésta es tu escuela”, cuéntame qué paso. Ve a la escalera y dime cómo la bajaste. Enseñame como te escondiste en el escritorio”. Es importante que ellos puedan expresarlo a su manera no solo lo vivido sino lo que sintieron para también sacarlo de sus sistemas. Si ellos después de esto necesitan contarlo a sus familiares una y otra vez hay que dejarlos y escucharlos dándole la importancia que tiene nunca hay que callarlos o decirles ya pasó.
  3. Hay que trasmitirles esa información de forma serena y muy tranquila para que la encajen cognitivamente de forma correcta pero emocionalmente también. Son hechos que suceden, que no podemos controlar y que debemos aprender a vivir con ellos.
  4. No exponerlos a imágenes traumáticas. No tener prendida la televisión viendo los rescates delante de ellos pues no los ayudará.
  5. Poner límites, pero con amor. Es decir, saber reconocer que estas reacciones son producto de la crisis y del miedo que llevan dentro, pero no hay que dejar que pasen los límites reforzando estas conductas cuando sean agresivas por ejemplo. Con amor, se les puede decir que no está bien hacer esto o aquello y reorientarlos a hacer algo que los ayude a calmarse.
  6. Abrazarlos, decirles mucho que se les ama.
  7. Darles seguridad hacia el futuro: todo pasa, esto también pasará, pero sin prometer cosas que no está en nuestra capacidad controlar ni cumplir como “ya verás que nunca más volverá a temblar” pues generará demasiada desconfianza en ellos si sucede algo que prometimos nunca sucedería.
  8. Si desean dormir en la cama con los papás o hacer un “campamento tipo pijamada” en el cuarto de los papás es excelente oportunidad para darles seguridad emocional y calmarlos. Cuando ellos ya se sientan seguros, desearan regresar a sus cuartos.
  9. Vincularlos afectivamente con familiares y amigos para que les ayude a sentirse seguros.
  10. Explicarles que si papa o mamá explotan por algo no es por ellos mismos sino porque también se sintieron un poco tristes por lo que ha pasado. Pedirles perdón si sucede y decirles que todos en la familia se tienen en este momento que comprender y querer mucho.
  11. Si sucede que se hacen pipí en la cama hay que explicarles que no es su culpa, que no es un bebé y que solo está sucediendo por el miedo que causó el temblor, que ya verá que pronto desaparece sin darle tanta importancia para que no se cree un condicionamiento negativo al respecto.
  12. Involucrarnos en tareas de ayuda o altruistas como ir al supermercado a comprar productos quizás de niños o de bebés, que hagan dibujos con mensajes de consuelo y que vayan con los papás a entregar todo en centros de acopio.
  13. También se les puede pedir que tomen de sus juguetes los que están buenos y que quieran donar a los niños que se quedaron sin casas. Salir a un albergue para que ellos mismos los entreguen es de gran ayuda para sanar y sacar algo bueno de lo malo que hemos vivido. Eso les hará sentir que hicieron algo al respecto.

Es muy importante que si siento que estos síntomas se están desbordando o agudizando a pesar de todo lo que hemos hecho y que no puedo o logro gestionar alguno de ellos; o veo de igual forma a algún familiar de esta manera, no hay que perder tiempo para pedir ayuda a un especialista formado y preparado como un tanatólogo en caso de pérdida de un familiar o de un psicólogo o psiquiatra. No hay que pedir ayuda a una amiga super buena “onda” o a la amiga que hizo un curso on- line de psicología pues los efectos postraumáticos deben de ser atendidos por profesionales con experiencia en ello.

Aquí algunos teléfonos de instituciones que brindan servicios psicológicos de manera gratuita:

  • Línea del Consejo:  asesoría psicológica y legal (55) 335533 o enviando un mensaje desde de su celular *5533
  • Fundación Acompaña que brinda ayuda psicológica y acompañamiento personal y con grupos de apoyo en caso de duelo por pérdida de un ser querido: +52 1 (55) 18 25 92 22 / acompana.org
  • Línea de Atención Psicológica de la Unam: 56222288 / 41616041 atencionpsicologicaadistanciaunam.com
  • El Centro Médico ABC habilitó la línea telefónica 55 1353 4571 para ofrecer apoyo psicológico a las víctimas.
  • El Instituto Latinoamericano de Estudios de la Familia en los teléfonos: 5659 0504, 5658 3388 y 5554 5611.
  • Tec de Monterrey: http://tecreview.itesm.mx/tec-brinda-ayuda-psicologica-a-los-afectados-por-el-sismo/ofrece una lista detallada de especialistas que puedes contactar para poder recibir ayuda psicológica.
  • Los Centros de Rehabilitación Integral Teletón (CRIT)de Estado de México, Ciudad de México y Nezahualcóyotl anunciaron a través de sus redes que brindarán atención psicológica de manera presencial.

Mientras más rápido podemos integrarnos a la normalidad mejor porque se mitiga la crisis interior y la mente emocional comienza a perder el control para dejárselo a la mente racional pero nunca obviando o negando lo que estos hechos nos han causado en el interior y lo que vamos sintiendo a cada paso del camino aunque nos hayamos incorporado a la rutina porque sino, la crisis vendrá probablemente en un futuro exponiendo la salud emocional y las relaciones interpersonales que tengamos valiosas para nosotros tanto en el ámbito personal como laboral.

De esta forma, ya no será la experiencia de dolor vivida a la que se le suma la experiencia de pérdidas interiores y duelo, aunque lo que hayamos perdido a nivel emocional sea la seguridad que sentíamos, o algo material, o un poquito de nuestro México lindo y querido hasta la perdida más grande de todas en el caso que hayamos perdido a un familiar.

Pretender que nada de esto nos ha afectado es condenarnos a morir en vida pues por naturaleza el hombre está orientado el bien y desea el bien de otros y cuando sucede algo así que atenta contra nuestra seguridad personal y con algo tan profundo como es nuestro hogar que tembló, que se balanceó y de ver a nuestra ciudad derrumbada en tantos edificios o simplemente ver al país que amamos y que nos ha dado a algunos la vida y a otros cobijo, temblamos pero no solo el centro de la tierra sino el interior de toda la persona y nos estremecemos con ello. Querer pensar lo contrario o vivirlo como sino nos hubiera afectado es el peor error que podemos cometer y eso si causará un terremoto interior con que nos sepultará con graves consecuencias entre los escombros.

Asimilar lo que paso y estamos viviendo requiere tiempo y tenemos que darnos el tiempo para hacerlo. Pues nuestra mente necesita tiempo para procesarlo y encajarlo y nosotros debemos hacer lo necesario para poderlo sobrellevar todo de la mejor manera. El tiempo curará todo pero siempre y cuando hagamos todo lo necesario, de lo contrario el tiempo no lo curará sino que lo infectará.

Son muchas las cosas hermosas que hemos visto estos días en los mexicanos. Hemos visto esa bondad del alma que emana de las entrañas que expresa el corazón hecho de fábrica a imagen y semejanza de Dios. Hemos visto el dolor más profundo, pero también hemos visto el amor más puro y bueno que saca de las entrañas lo mejor del ser humano en las peores circunstancias de vida de aquel amor más perfecto que emana del alma del mas imperfecto porque brota de esa semejanza que el hombre tiene desde la creación con Dios.

Ese puño de silencio tan emblemático que hemos visto tanto en la televisión en el rescate de las víctimas también nos invita a guardar silencio en el corazón. A reflexionar sobre nuestra propia vida, a preguntarnos qué sentido tiene vivir y morir, a cuestionarnos cómo la hemos estado viviendo, a pensar qué de bueno puedo sacar de esto y a qué me invita esta tragedia a hacer qué tipo de cambios en mi vida. A sacar un aprendizaje y a voltear nos guste o no a mirar a Dios pues la verdad es que creas o no en Él, nuestras vidas están enlazadas desde la creación a Él y dependemos de Él.

Es tiempo de orar. Es tiempo de guardar silencio del ruido del mundo que nos aturde a diario. Es tiempo de aprovechar esta oportunidad para cambiar desde nuestro interior nuestra propia vida. El que camina de la mano de Dios poniendo su confianza en Él no tiene miedo a nada y transita este valle de lágrimas con paz en su corazón recordando que la verdadera vida no es ésta sino la eterna.

Mercedes Vallenilla de Gutiérrez                                                                                         Psicóloga Social / Escritora / Conferencista Internacional / Blogger / Acompañamiento Psicoespiritual Virtual

Psicología Católica Integral®
http://www.psicologiacatolicaintegral.com
mvallenilla@psicologiacatolicaintegral.org
Facebook:Psicologia Católica Integral
Twitter: mvallenilla1                                                                                                               Linkedin: Mercedes Vallenilla                                                                                             YouTube: Mercedes Vallenilla

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Elblogdeursulina dice:

    Tu artículo sobre la tragedia que habéis vivido en México me ha conmovido profundamente, sólo quiero decirte que también ha sido nuestra. Vaya por delante todo mi apoyo, como si ahí estuviera. Abrazo a todos

    Me gusta

    1. Muchas Gracias por tu empatía ayuda mucho recibir mensajes como el tuyo. Gracias y que Dios te bendiga

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s