Me basto yo sola

IMG_4682Me basto yo sola. Conmigo me es suficiente. Esas fueron las frases que escuché el otro día estando en un restaurante en un viaje de trabajo mientras esperaba mi comida cuando justo pensaba que era muy triste tener que comer sola y lo significativo que siempre ha sido la hora de la comida para mí, dónde la convivencia familiar ha representado una enorme riqueza y el mejor momento del día.

El letargo en el que me introdujo ésta introspección interior fue interrumpido súbitamente por estas frases que taladraron mi mente y rompieron esa armonía. La mesera le ofreció a una mujer de alrededor 35 años de edad, muy guapa, con corte ejecutivo si le traía algo de beber mientras esperaba a su acompañante, a lo que la mujer respondió con mucho orgullo, seguridad personal y hasta con una sonrisa que ella no esperaba la compañía de nadie, que estaba sola en la vida porque “me basto yo sola, conmigo me es suficiente”.

La mesera y yo no salíamos de nuestro asombro. Ella no supo que responder, así como yo tampoco pude disimular el impacto que ocasionó en mí.

Sin querer juzgar la vida de quien no conozco, a partir de allí tuve mucho contenido que reflexionar. Lo veo en el mundo, lo veo en pacientes que he atendido, lo veo a diario. Esas opciones que hace el hombre de dejar de lado lo esencial, de demeritar lo trascendente por cosas accidentales que nunca podrán llenar al hombre en su interior y que nunca podrán llevarlo a la plenitud a lo largo de su vida y en el transcurso de sus días.

El ser humano fue creado por amor y es solo en el amor donde debe vivir y desarrollarse para llegar a la plenitud. Somos buscadores del amor, pero del verdadero, del puro, del que realmente hace feliz y que nada material creado podrá colmarlo. Ese amor que se expresa en diferentes formas y maneras, no solo el amor esponsal que se manifiesta por esa capacidad de amar a otro ser humano del sexo opuesto de manera libre, total, fiel, fecunda y además en exclusividad, sino el amor que se expresa también en la familia y que se vive en otra proporción con los amigos.

Creer que podemos vivir y ser felices prescindiendo de ese amor verdadero es un error que conduce al ser humano al fracaso total, a la pena total, a la penumbra interior más oscura que el mismo negro; y a lo largo del tiempo, a la depresión y a la falta de paz interior, pues estaremos llenando todo ese interior que fue creado para el amor y que en el amor se realiza plenamente y se convierte en un motor para alcanzar todo lo demás con cosas que pudieran dar una aparente felicidad, pero siempre será efímera y pasajera.

La persona es un centro de responsabilidad, es una persona que debe responder con responsabilidad a lo que se le ha dado como don. Tiene que pasar de descubrir que la vida es un don de Dios que hay que ser responsable con ella, hasta pasar a descubrir por medio del conocimiento interior que talentos y dones vienen con ella para poder ser desarrollados a plenitud. Dar con ello, todo lo que se tiene, por amor y en el amor.

Para ello es importante buscar la verdad. Sin esa búsqueda de esa verdad interior no podremos alcanzar el verdadero amor. Esa verdad que se expresa con aquello que es un bien para nosotros y también para otros, esos bienes parciales o integrales que nos conducen al amor, al servicio a la plenitud en el amor. Y para poder discernir ello, contamos con nuestra inteligencia que nos hace separar todo aquello que responde a nuestra esencia (para lo que fuimos creados) y aquello que más bien son accidentes o medios que pudieran servir en cierto momento de nuestra vida y en otros ya no son de utilidad para desarrollarnos.

Al unísono de este proceso donde vamos haciendo opciones personales, donde vamos discurriendo que son bienes objetivos para nosotros que van ayudando a desarrollarnos integralmente, la moral tiene su rol pues es la que juzga esa actuación: si está bien o mal, si es un bien o no para nosotros en base a principios universales y a la esencia de las cosas. Siempre será un bien para nosotros aquello que nos ayuda a cumplir con la función para la cual hemos sido creados y que nos ayuda a desarrollarnos integralmente no en facetas ni en parcialidades.

La persona en este contexto no puede fragmentarse en áreas. Podemos comprenden las dimensiones que nos integran como la afectiva, cognitiva (razón con sus facultades de la inteligencia y la voluntad) la corporal y la espiritual; todo en un contexto social, pero solo para podernos comprender y poder desarrollarlas en equilibrio y plenitud.

Pero qué pasa entonces cuando el hombre contemporáneo ha invertido lo que realmente es esencial en la vida por cosas que son circunstanciales, cuando ha cambiado a fines por medios. Qué sucede cuando una mujer le ha dado prioridad a su desarrollo profesional sobre el integrar ese desarrollo profesional con una vida matrimonial, familiar, con una maternidad. Qué sucede cuando la mujer de hoy ha reprimido su esencia para lo cual fue creada desde un plan amoroso de Dios de dar vida a otros porque se ha convencido de que esos otros que se llaman hijos o familia la truncan en sus deseos de ser una profesional exitosa que prefiere tener dinero para viajar o tener bolsas de marca que tener familia. O que prefiere invertir ese dinero en si misma que en comprar pañales y pagar colegiaturas. Que ha creído que debe incorporarse al mundo laboral imitando al hombre, igualándose al hombre y con ello, perdiendo su feminidad. Qué sucede cuando se ha definido que para ser felices es mejor estar solos. Qué le pasa al hombre de hoy que afirma con orgullo que se está mucho mejor solo que acompañado por seres que pueden amarte de forma incondicional y que no solo ha claudicado a ese deseo sino que se ha convencido que estar solos es lo mejor, que prefiere comer solo que acompañado. Que prefiere estar con su celular mientras come que tener a alguien en frente con quien intercambiar puntos de vista, reírse, conversar, tener simplemente compañía.

Es aquí donde comienza la debacle del hombre. Cuando decidió abandonar a Dios, sacarlo de su vida y con ello invertir y cambiar lo que es esencial por lo que es accidental. Cuando ha decidido vivir por motivos y aspiraciones que no responden a lo más profundo de su ser. Es aquí el inicio de las disfuncionalidades de las familias que no nutren a sus miembros con el amor que es vital para poder madurar afectivamente y podernos desarrollar como seres humanos equilibrados.

Estoy trabajando desde mis 21 años de edad. Hoy tengo 48 años. Mis hijos son hijos de una madre trabajadora pero mi mayor realización personal nunca ha venido de los libros que he publicado ni de los éxitos laborales que he acumulado, sino de ver realizar a mis hijos de la manera más feliz y plena posible. Ellos son mi orgullo, el amor y la dedicación que les he brindado me hace hoy disfrutar del resultado y ver que son muchas mejores personas de lo que yo era a su misma edad. Esa es mi mayor realización y eso es lo que me alimenta al alma cada mañana. El amor de mi familia sostiene mi vida y sin ese amor no hubiera sido capaz de lograr todo lo que he logrado en mi carrera profesional.  La familia no castra a la mujer en sus deseos profesionales, más bien son el motor que lo impulsa porque nos motivan a superarnos. El amor termina siendo el porqué de esos esfuerzos y no un egoísmo desmesurado que se gesta como resultado de carecer de lo esencial.

El amor que Dios vuelca en los corazones de quienes con humildad le piden el suyo es el origen de todo porque estamos viviendo desde el designio divino. Así es. Nos guste o no. Queramos o no, dependemos de Dios desde el origen de nuestra existencia hasta el final de nuestros días pasando por el transcurso de ella. Y de ese amor es que surge el amor esponsal con un alma gemela basado en el compromiso, la corresponsabilidad y el amor que se dona mutuamente de forma recíproca porque se valora como lo más relevante e importante y se invierte todo en ello.

Y de ese amor esponsal es que se nutre la familia funcional. Una familia que da y recibe amor, que se ocupa y preocupa por sus miembros no solo porque adquieran buenos hábitos de vida sino porque se sienten profundamente amados de manera incondicional y equilibrada, que ama no en exceso de forma sobreprotectora tampoco en defecto. Una familia que como los militares nadie se queda atrás, una familia que se une mucho en las dificultades y donde se ayudan a salir adelante mutuamente. Una familia que camina al paso del más débil. Una familia donde existe el verdadero amor y por ello, se perdonan hasta 70 veces 7.

La familia funcional nutre a sus miembros y se nota por las actitudes positivas ante las situaciones objetivas de vida que se viven dentro de ella, porque son capaces de discernirla de forma correcta. Cada cosa tiene su lugar y la escala de valores las ordena desde lo que es esencial hasta lo que no lo es. De primero al último lugar. Una familia que se comunica claro, directo y sin generalizaciones de ningún tipo que son inadecuadas, congruentes en cuanto a lo verbal que se trasmite y a lo no verbal también dentro de un marco de apoyo emocional adecuado. Una familia que comprende que el cambio es inevitable, que todo no es para siempre y que se adapta a los mismos cambios que ésta va sufriendo con el tiempo. Una familia que comprende que esos cambios forman parte de la vida y que deben aprender a adaptarse a ellos, tratan de aprovechar esos cambios de manera creativa, disfrutan con ellos y sacan su mejor lado. Una familia que motiva y que impulsa a sacar y desarrollar el mayor potencial de sus miembros. Que no se calla ante lo que ve mal, ante lo que se vive mal y está mal sin justificaciones de ningún tipo pero con comprensión. Con una autoestima elevada, pero de forma equilibrada, que no exalta lo positivo de sus miembros y minimiza lo negativo, sino que pondera dándole a cada cosa su lugar y su peso correcto. Una familia que habla claro porque hay confianza de comunicar las cosas sin miedo a ser juzgado. Unos miembros que prefieren hablar primero las cosas en casa que con los amigos. Una familia con reglas claras pero flexibles, humanas, adecuadas y sujetas a cambios porque escucha lo que sus miembros tienen que decir al respecto. Una familia donde todos los miembros conectan con sus necesidades en profundidad y son capaces de expresarlas libremente. Donde se consideran a todos por igual, hasta al más pequeño o al más débil. Una familia que es capaz de sacrificarse por los demás, porque ama profundamente y porque ha entendido que el sacrificio no tiene relevancia ante la felicidad que ese sacrificio ocasiona en quien lo recibe. Una familia que no posa culpas, sino que asume cada quien sus responsabilidades. Una familia que tiene una vinculación con la sociedad abierta, honesta y de forma equilibrada, que se relaciona de manera positiva con otras familias, con amigos, con la misma familia extendida. Una familia que corrige de manera fraterna pero dentro del marco previo de ese amor incondicional que garantiza todo. Una familia que se comporta como una pequeña iglesia doméstica, como una verdadera comunidad de amor que conduce a todos sus miembros en plenitud en su caminar hacia la eternidad.

No importa la etapa en la que tu familia se encuentre, lo importante es que haya una valoración de cada miembro de forma positiva y equilibrada. Que se experimente amor verdadero y cuida de sus miembros a cada paso del camino. Donde haya corresponsabilidad y reciprocidad. Donde exista un sentido de pertenencia, donde llegar a casa sea un alivio no un peso. Donde al estar en ella se diga “de aquí soy” y con ello, la persona se siente seguro, en confianza y pleno. Donde se de el soporte para volar y soñar con ello. Donde se de una dosis de realismo, pero se motive las alas para emprender el vuelo con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo. Donde uno sepa que llegó después de un día difícil de trabajo a un verdadero oasis de amor en el cual podrá recostar la cabeza y ser consolado.

A diferencia de esta mujer, yo no me basto sola ni yo misma me soy suficiente para llenar los anhelos más profundos de mi corazón. Necesito del amor porque eso es lo que realmente nutre mi vida. El amor de Dios, el amor de mi amado esposo y el amor de mis hijos, el amor de la familia extendida además del amor de amistad que nuestros amigos me brindan. Esa es la base para todo lo demás. Sin eso, estaría perdida, consumida en mi misma, llena de quizás muchas cosas materiales pero sin tener con quien compartirlas porque no existe el amor. Disfrutando en apariencia de mi propia compañia fomentando ese egosísmo y también un enorme narcisismo de aquel que solo se ve en el espejo y disfruta de ello.

El mayor don que una mujer puede haber recibido es el de la maternidad. Y si por alguna razón no puede dar vida, existe también la adopción. La mujer gesta en su vientre la vida, pero no de forma fría en un tubo de ensayo sino en sus entrañas, no solo los hijos biológicos sino también los hijos espirituales que ese amor que está en capacidad de donar reciben otros.

La fe y el amor es el sostén de una vida feliz y plena. No corras el riesgo de olvidarlo para que cuando estés enferma o quizás ya viejo en un sillón elegante en una hermosa casa con una buena cuenta de banco que te respalde no te arrepientas de estar solo sin tener a nadie a tu alrededor que pueda disfrutar todo aquello que con tanto esfuerzo conseguiste y no te veas obligado a evaluar cuando ya ha sido demasiado tarde si aún sigue siendo suficiente gozar en la vejez de tu propia compañía.

Mercedes Vallenilla de Gutiérrez                                                                                         Psicóloga Social / Escritora / Conferencista Internacional / Blogger / Acompañamiento Psicoespiritual Virtual

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