Del resentimiento al perdón

IMG_3901Todos al menos alguna vez en la vida nos hemos sentido ofendidos, agredidos, nos han traicionado. Todos hemos sentido que tenemos que aprender a perdonar. Todos nos hemos topado de repente con esa encrucijada de tener que reconocer que estamos resentidos y que no sabemos qué es lo que tenemos que hacer para poder aprender a perdonar, pero sabiendo a la vez que sino lo hacemos, ese resentimiento puede hacer que podamos perdernos en el camino.

Perdonar es un aprendizaje donde debemos adentrarnos en un proceso interior que comience a recorrer el camino desde lo humano primero para luego saltar a lo divino. Es decir, a lo espiritual pues sino pasamos primero por esa maraña humana que se forma en el interior no podremos resolverlo.

Pero antes de comprender que tenemos que hacer para poder perdonar, es imperativo poder comprender qué es lo que sucede dentro de nosotros mismos que no nos permite perdonar como muchas veces nuestros corazones quisieran hacerlo y más, si es un corazón cristiano.

Cuando llegamos a un punto de sentirnos resentidos es que ha sucedido un acontecimiento donde nuestras expectativas no se cumplieron; es decir, esperábamos algo de alguien que hizo lo contrario. De igual forma, porque hemos recibido una ofensa o un agravio que nos ha roto el corazón o porque nuestra confianza se ha quebrado en mil pedazos pues hemos vivido la traición del que menos lo esperábamos, de aquel a quien le confiamos lo que a pocos se le confía.

En estos escenarios es donde surge el resentimiento que es definido como un sentimiento que lo “sentimos” una y otra vez porque se repite dentro de nosotros mismos al recordar alguno de estos escenarios donde se dio el mismo.

El resentimiento es ese sentimiento muy fuerte que surge en el interior y que se vive una y otra vez, se “re” vive. Es como un rayo que entra en el corazón y lo parte en dos. Nos divide interiormente y nos causa un enorme daño. Hay muchas definiciones al respecto, una es aquella que lo define como una autointoxicación psíquica pues aunque lo ha ocasionado un hecho externo depende de nosotros que nos dañe o no en el interior. Otra la define como un sentimiento que aparece como reacción emocional negativa ante un estímulo que es percibido como ofensa al propio yo y que permanece en el interior del sujeto de manera que se vuelve a vivenciar, a sentir una y otra vez, se “resiente”. Pero existe una definición bastante coloquial y menos científica producto de la sabiduría popular que dice que es un veneno que me tomo yo esperando que le haga daño a otro.

La persona que experimenta el resentimiento cree que con eso estará buscando justicia ante la deuda moral contraída en el interior de quien lo padece. Y justo por eso lo mantiene no solo con su mente enfocada en ello, sino reviviendo el sentimiento interiormente creyendo que eso ayudará a que la persona que lo ha ocasionado escarmiente o tenga su merecido.

El resentimiento puede ocasionarse por una acción, por omisión o por circunstancias de la vida. Cuando se genera por una acción lo ubicamos como una conducta que es observable y medible como por ejemplo cuando alguien agrede física o verbalmente, cuando insulta o calumnia. Cuando es por omisión situamos aquello cuando una persona no hizo lo que debía, o cuando no recibimos lo que esperábamos o cuando alguien traicionó nuestra confianza y recibimos lo contrario a lo esperado. Cuando hablamos de circunstancias, nos ubicamos en todas aquellas ofensas o acciones que se derivan de otros debido a algún defecto físico, o por alguna enfermedad que se padece o por no tener trabajo o incluso por una situación económica precaria donde se reciben ofensas u acciones que hieren en el interior.

Ahora bien, la mente puede muchas veces engañarnos debido a las heridas emocionales que se traen en el interior y es por esto de suma relevancia que la persona que padece el resentimiento ante de intentar perdonar ubique el tipo de estímulo que la ocasiona. En primer lugar si es objetivo y con ello nos referimos a que el estímulo sea real y el sujeto lo juzga con objetividad. Para ello es muy relevante poderlo compartir con alguien que nos quiera y que no haya sido parte de ello para que ayude a determinar con objetividad si es normal el impacto producido en el interior versus la acción generada. El estímulo de igual forma puede ser exagerado, aquí ubicamos un estímulo real pero que la percepción e interpretación de la persona es exagerada porque se toma las cosas a personal y las sacas de contexto. Por último, el estímulo puede ser imaginario ya que no existe un estímulo real, sino que responde a una interpretación subjetiva de la persona sacando de contexto una aparente ofensa que no fue ofensa y exagerando los sentimientos que supuestamente le haya creado.

El impacto que tenga el resentimiento en nosotros y el tiempo que desee hospedarse en el interior, va a depender en gran del modo en que percibamos la vida y la actitud con la que la asumamos, pero a la vez, de las heridas que la persona lleve en el interior pues la realidad puede juzgarse de diferente forma.

Stephen Covey decía que “no es lo que otros hacen ni nuestros propios errores lo que nos daña, sino nuestra respuesta”.  El resentimiento cuesta tanto eliminarlo porque donde impacta primero es en la dimensión emocional que en la cognitiva. Nos sentimos resentidos y luego es que nos sabemos resentidos. La persona lo siente con todo su cúmulo de sentimientos y lo vive con pasión e intenta dar una respuesta emocional con poca exactitud, confusa e imprecisa, el sentimiento precede al pensamiento, las emociones vividas dan respuestas instintivas no razonadas y se guía por elementos del pasado almacenados en la memoria afectiva.

Por todo esto, para poder perdonar debemos primero dejar de sostener esos sentimientos negativos alimentándolos a diario con pensamientos que refuercen los mismos, donde la mente repasa una y otra vez lo ocurrido, pero para asegurarse que se tiene la razón. Si esos sentimientos se alimentan, van escalando del resentimiento al odio y esto es lo que nunca debemos permitir. La persona asume el rol de víctima y genera en ello sentimientos de venganza. La mente racional gira en torno a pensamientos circulares que son como la gasolina a la fogata, la imaginación se suma como la “loca” de la casa a apostar elementos especulativos que agrandan la situación y los sentimientos aumentan, se suman las lamentaciones verbales para reafirmar la calidad de víctima, se activa la memoria fotográfica con tanto detalle, se distorsiona la realidad de lo vivido y se busca finalmente a quien culpar de una forma muy apasionada convirtiéndolo en una misión de vida.

Del resentimiento al odio hay un solo paso. Depende de nosotros no escalarlo sino al contrario, pasar del sentimiento de dolor por la ofensa recibida al perdón. Pero debemos hacer lo contrario a lo que he descrito anteriormente. En el plano humano, hay que pausar a la mente emocional para que apaciguándose los sentimientos pueda nuestra mente racional analizar con la "cabeza fría" lo sucedido. Debemos de buscar personas ajenas que nos quieran y nos ayuden a ver con objetividad ubicando los hechos en el contexto adecuado. Debemos de comprender que el resentimiento solo nos daña a nosotros mismos y que debemos de seguir nuestro camino dejando en manos de Dios la justicia divina y si proceden, buscar la humana en caso de que haya sido un delito.

Pero sobre todas las cosas, debemos de comprender que el resentimiento no nos permite perdonar y que el mismo corrompe el alma, nos aleja de Dios, nos roba la posibilidad de cumplir con nuestra misión de vida, nos aleja del bien, nos destruye y al final nos roba la libertad personal porque nos hacen esclavos de los sentimientos negativos que sentimos y al final, de la persona que los ha causado con sus acciones creando un vínculo afectivo, cognitivo  y espiritual que no nos permite avanzar y crecer.

El resentimiento afecta a todas las dimensiones del ser humano: la cognitiva, la afectiva, la corporal y la espiritual. Además, afecta nuestras relaciones interpersonales en el ámbito social, nuestras relaciones familiares e incluso puede llegar a afectar las laborales. No tiene ningún beneficio.

Perdonar si es olvidar. Sería antagónico perdonar pero revivir el recuerdo en la memoria. Son dos elementos que no pueden darse de esa manera. Cristo en el evangelio nos dijo que debemos perdonar hasta 70 veces 7. La verdad es que cuando aprendemos a recorrer el camino del perdón, eso nos prepara para podernos ejercitar y crecer en virtud. Eso no significa que no nos alejemos de aquellos que nos hieren constantemente. Aristóteles decía que perdonar es un dominio político de lo racional sobre lo sensible para modificar las disposiciones afectivas y con ello, desaparecer el veneno.

Al final, perdonar significa tomar una decisión con la inteligencia y llevarla a cabo con la voluntad. Perdonar no se trata de un sentimiento ni de la memoria, se trata de un acto racional donde decido saldar la deuda moral interior causada declinando el derecho a que la otra persona reciba un castigo (cuando no ha sido un delito) Pero no podemos dar este paso sin la ayuda de la gracia de Dios que es al final la única que nos ayudará a sanar y perdonar, pues somos seres limitados y necesitamos que la gracia de Dios nos ayude a trascender todo ese dolor en amor de forma ilimitada. Todo ese resentimiento en perdón.

Cristo dijo “Han oído Ustedes ama a tu prójimo y odia a tus enemigos. Yo, en cambio les digo: amen a sus enemigos, hagan el bien a quien los odia y rueguen por los que los persiguen y calumnian” (Mt 5, 43-44) Hay que enseñar a la mente y al alma a perdonar. Él es el único que nos podrá ayudar a sanar el corazón, de nosotros depende que tomemos la decisión y le pidamos ayuda.

Mercedes Vallenilla de Gutiérrez                                                                                         Psicóloga Social / Escritora / Conferencista Internacional / Blogger

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Elblogdeursulina dice:

    Tu artículo sobre el resentimiento me ha traído luz, y quiero darte la gracias por ello. ¡Volveré a releerlo mañana!

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    1. Muchas Gracias a ti por leerlo. Me da gusto que el Señor te haya llegar su gracia por medio de mi escrito. Dios te bendiga!

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