Metanoia: Transformar la mente y el corazón

IMG_9234La Iglesia hoy estuvo de fiesta celebrando la Solemnidad de San Pedro y San Pablo. Pedro – nuestro primer Papa- inició con su vida un camino para guiar a la barca de la Iglesia con nosotros que formamos parte de ella. Pablo quien nos dejo con su ejemplo un modelo de conversión y de evangelización de tantos pueblos y culturas. En sus cartas encontramos una enorme enseñanza no solo teológica sino con la de su propia vida ya que la misma constituye un ejemplo de conversión en el camino de Damasco que sigue inspirando a muchos en este caminar por la vida al cielo.

San Pablo escribió infinidad de cartas a las diferentes comunidades que estaban siendo evangelizadas después de la muerte y resurrección de Cristo. Les dirige a cada una de esas comunidades como iglesia naciente, un mensaje donde responde a las discordias y dificultades que se estaban presentando en cada una de ellas, pero en general Pablo plasma en todas, un sin fin de temas teológicos que han iluminado hasta hoy la vida de la Iglesia.

En su carta dirigida a los romanos Pablo se refiere a la necesidad de conversión de los mismos cristianos y como el mensaje junto a la vida de Jesús debía iluminar la nuestra. Las cartas de san Pablo contienen infinidad de pasajes en los que se hace mención a la necesidad de conversión que todos tenemos como un llamado a transformar nuestra vida, no solo porque esa fue la primera exhortación que Jesús nos hizo en vida, sino porque fue la tarea que les dejo a sus apóstoles siendo la esencia de la labor misionera y apostólica de la iglesia. Pero San Pablo en este sentido hace énfasis a la conversión definida como un cambio de mente y modificación de la conducta ante los desórdenes morales de nosotros los creyentes.

La palabra conversión en este sentido estaba orientada hacia tres grupos a los cuales San Pablo se dirigía. En primer lugar, a los judíos del pueblo de Israel a quien en primera instancia se había dirigido Cristo como el Mesías por ser el pueblo elegido por Dios. El clima general de la iglesia primitiva después de la resurrección de Cristo es de una valoración negativa por parte de las autoridades a la aceptación de Cristo como el Mesías que tanto habían mencionado los profetas del Antiguo Testamento.

Este rechazo del pueblo de Israel hacia la aceptación de Cristo como el hijo de Dios hace que el mensaje evangelizador se dirija a los gentiles quienes a través de su conversión comenzaron a dejar de adorar a ídolos y a sus prácticas paganas. Es allí cuando San Pablo se convierte en evangelizador de infinidad de comunidades y de todas las naciones.

San Pablo se dirige también a un tercer grupo en su invitación a la conversión, los recién convertidos cristianos. Les hace una invitación a vivir en profundidad la vocación cristiana, a dejar las rivalidades y divisiones que existían desde ese entonces en ellos y a abandonar los pecados de impurezas a los que estaban ya acostumbrados por medio del arrepentimiento de sus pecados.

Por medio de sus cartas San Pablo describe la naturaleza y a la vez la dinámica de la conversión como un proceso por medio del cual se adquiere una nueva vida cuyo centro es Cristo Jesús. La palabra conversión estaba siendo utilizada en el contexto histórico por sus significados en hebreo y en griego en el Antiguo Testamento. La llamada conversión significaba un regreso o retorno a Dios y está fue expresada con el verbo hebreo sûb que significaba volver, pero al usarlo en este contexto bíblico se le dio el sentido de volver a Dios. La Biblia griega usaba los verbos epistréphein y metanoéîn para referirse a la conversión. El primero nos indica el cambio de conducta externa y nuestras prácticas; podemos decir hoy “las conductas” que son observables y medibles. El segundo se refiere más al cambio interior suscitado por el sentimiento de arrepentimiento y el deseo de reformar nuestra propia vida. El verbo Metanoéîn con su substantivo Metanoia, era bien conocido en el griego clásico con el sentido de cambiar de espíritu o intención cambiando la orientación del propio pensamiento.

De esta manera vemos como estos verbos tanto en hebreo y en griego expresan en el lenguaje bíblico dos diferentes dimensiones de la conversión. La externa que implica las conductas o costumbres contrarias a lo que ahora creían, por ello convertirse significaba separarse de prácticas no acordes, alejarse de la incredulidad y de las tan comunes prácticas de idolatría donde adoraban a dioses. La dimensión interior de la conversión implica la rectificación de la mentalidad necesaria para permanecer junto a Dios. En conjunto estos dos elementos, interno y externo significa volver a Dios mediante un sentimiento de arrepentimiento que nos ayude a transformar nuestra manera de pensar, para así poder cambiar nuestra manera de actuar que nos aleja de Dios.

Es por esto que San Pablo en su carta a los Romanos 12, 2 dice: “no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Aquí nos está hablando que para poder transformar nuestras acciones o lo que hoy podemos definir los psicólogos como conductas, debemos primero hacer una transformación interior en nuestra manera de pensar o lo que podemos llamar hoy en este contexto nuestro “mundo cognitivo” (percepciones, creencias, pensamientos) que habita en la razón, para poder a su vez lograr un cambio en nuestra manera de sentir. Por eso afirmamos que “uno se siente tal como piensa” y en definitiva, uno actúa tal como se siente.

San Pablo habla con un lenguaje teológico, pero también pudiera interpretarse desde una óptica psicológica. Pues él nos explica el dinamismo interior que debe gestarse en la mente por medio de la transformación de nuestra manera de pensar para que pueda a su vez ocurrir esta transformación en el interior del hombre y pueda como consecuencia manifestarse en conductas o acciones coherentes a esa nueva manera de pensar.

Los neuropsiquiatras en este sentido han hecho aportaciones muy significativas en como nuestro cerebro hace estas conexiones que son las que nos ayudan a crear una nueva manera de pensar. Existen múltiples sistemas de memoria para múltiples aprendizajes. El Hipocampo en el cerebro es una parte vital para aprender a hacer nuevas conexiones y guardar nuevos hechos o recuerdos. Nuestros recuerdos están todos entrelazados entre si. Ellos cambian todo el tiempo, incluso cuando aprendemos algo nuevo, estos recuerdos están constantemente cambiando hasta cuando dormimos.

Esta comprobado que podemos hacer cambios significativos en nuestra manera de pensar. El cerebro agrupa los pensamientos en fragmentos basándonos en categorías agrupadas por su sonido o por su utilidad o por su significado. Estos fragmentos se forman cuando la memoria operativa que está en la corteza prefrontal conecta con la memoria a largo plazo donde están los patrones de pensamiento que ya hemos almacenado, cuando une estos patrones en un fragmento es más fácil operar o funcionar. No necesitamos acordarnos de los detalles sino cuando hemos almacenado el fragmento ya sabremos su significado o cómo hacerlo. Estos fragmentos se forman con la practica y la repetición. Para formar un fragmento generalmente están unidos en mini fragmentos. Estos mini fragmentos deben aprenderse cada uno por separado hasta que pueda unirse el fragmento de aprendizaje. Al final, lo que se repite se hace permanente y el cerebro lo tomará como lo que es bueno para nosotros.

Pero que sucede si creamos patrones de pensamientos equivocados con creencias erróneas sobre la vida, las personas, incluso la fe. Es muy probable que esta transformación de la mente de la que habla San Pablo y que en estos tiempos han explicado los neuropsiquiatras en el funcionamiento de nuestro cerebro y también los psicólogos cognitivos no pueda llevarse a cabo.

Es por esto que para que ocurra una verdadera conversión como una transformación de la manera de pensar, debemos seguir elementos muy básicos de cómo funciona nuestro cerebro. No podemos incluir nuevos aprendizajes sino estamos focalizados; es decir sino nos concentramos en intentar acercarnos hacia aquello que deseamos conocer. Un segundo aspecto, es el que no podemos asimilar algo que no hemos comprendido. Es por esto que para poder integrar una nueva manera de pensar que nos ayude incluso a cambiar una manera de pensar errada, debemos comprender aquel conocimiento nuevo. Para formar un patrón de conocimiento necesitamos que este conocimiento nuevo no solo sea comprendido sino que se conecte con los otros fragmentos de información que tenemos en la memoria a largo plazo. Por último, podemos practicar en nuestra mente esa nueva manera de pensar conectándolo con el contexto en que se puede dar o lo que llamamos el amplio espectro (escenario global), incluso podemos relacionarlo con otro cuerpo de conocimientos, hacer metáforas, trasladarlos a otras áreas; etc, para intentar integrarlo en nuestro sistema de conocimientos.

Cuando aplicamos esto que han descrito los neuropsiquiatras al tema religioso de la conversión y en específico a lo que San Pablo ha dicho en su carta sobre la transformación de la manera de pensar para poder cambiar nuestras conductas que nos alejan de Dios y poder volver a Él, entendemos que hay todavía un elemento mucho más importante que es la experiencia personal en el interior. Es decir, el primer paso es definitivamente el poder intentar conocer aquello que quizás rechazo porque no lo conozco en profundidad o verdaderamente. Quizás porque no he tenido la oportunidad; quizás, porque he tenido una mala experiencia con “alguien” que se me presentó como un modelo en el tema, o quizás porque simplemente he creído algo equivocado o por ignorancia. También las heridas emocionales del pasado que no se integraron  adecuadamente pueden a su vez alejarnos de Dios. Aquí radica no solo la importancia de intentar conocer con la facultad que Dios nos ha dado de la inteligencia todo aquello que pudiera ayudarme a iluminar mis pensamientos, intentando comprender desde diferentes ángulos aquello que ha sido un enigma para nosotros mismos, sabiendo que además contaremos con la acción del Espíritu Santo para ayudarnos a iluminar nuestra razón con su luz.

Para poder hablar de conversión, debemos forzosamente hablar de la experiencia personal que nos lleve a cambiar algo en nuestra propia vida. Ese valor nuevo que podemos adquirir por medio de la razón, del transformar ese pensamiento para que nos transforme nuestra manera de sentir por medio del arrepentimiento y a su vez como consecuencia nuestra manera de actuar, solo es posible con la gracia de Dios que nos lleve a una experiencia personal con su amor dando un sentido nuevo y trascendente a toda nuestra existencia. El llamado a la conversión al que nos hace San Pablo siguiendo el ejemplo de Cristo, es una iniciativa de Dios pero que parte del deseo en libertad del hombre de encontrarle un sentido diferente a la propia vida, es una respuesta de amor del hombre a Dios y viceversa.

La conversión incluye todo un dinamismo conformado por un conjunto de movimientos interiores de orden psicológicos y morales, de motivaciones intelectuales y afectivas. Es por esto que hay conversiones motivadas por las inquietudes intelectuales de encontrar la verdad. Hay conversiones motivadas por la necesidad de trascendencia del hombre de llevar a cabo un ideal de vida más puro, de hacer algo grande con la vida que se ha recibido como un don. Hay conversiones movidas por la falta de sentido trascendente y vital que se experimenta en la propia vida. Incluso, hay conversiones de carácter emocional donde la persona debido a un acontecimiento de la vida misma de pecado, una herida que se desea sanar, un acontecimiento de dolor contundente, experimenta en esa búsqueda o incluso en ese “tocar fondo” de su humanidad una gracia no solo en su alma sino que penetra inicialmente por su mundo emocional y afectivo, llevando esa experiencia del amor a un sentimiento de arrepentimiento y perdón, que a su vez lo conduce a iniciar un camino de conversión cambiando las conductas de autodestrucción que lo alejaban de Dios.

Finalmente no importa por medio de cual de nuestras dimensiones llegará la gracia de la conversión. Si es por la cognitiva por medio del entendimiento que nos llega a la razón pudiendo de esta forma transformar los pensamientos que nos llevarán a su vez a transformar nuestros sentimientos y al final nuestro comportamiento, o si llegará por nuestra afectividad o directo a nuestra alma en nuestra dimensión espiritual. Lo importante es poder iniciar hoy un camino de conversión el cual no se logra con el esfuerzo humano en si mismo, sino con la libertad del hombre que le dice si a un Dios de amor para que Él otorgue esa gracia como un don que se derramará en el interior.

La conversión es una tarea que nunca acabará en la vida de un cristiano, quizás es la tarea más importante que tenemos en esta vida para poder vivir en este valle de lágrimas una antesala al cielo por medio de la experiencia del amor de Dios que todos de manera universal y sin distinción podemos tener acceso sin importar nuestro pasado y a su vez, alcanzar con ello la vida eterna.

Mercedes Vallenilla de Gutiérrez
Psicología Católica Integral®
Acompañamiento Psicoespiritual Virtual
http://www.psicologiacatolicaintegral.com
mvallenilla@psicologiacatolicaintegral.org
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“Hazme un instrumento de tu paz y de tu amor”

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