Rigidez Mental vs Creatividad de Dios

imagesLa rigidez mental está catalogada como el gran impedimento para desarrollar las 5 dimensiones de la Inteligencia Emocional como son el autoconocimiento, la autorregulación, la motivación, la empatía y las habilidades sociales, así como las 45 aptitudes que la caracterizan según lo ha definido su creador, el Psicólogo Daniel Goleman.

A lo largo de mi práctica profesional, he visto lo mucho que puede afectar la vida cotidiana de una persona que es rígida mentalmente, pues no permite que la persona tenga categorías mentales en su dimensión psíquica que sean flexibles para adaptarse a los cambios de planes que la misma vida trae consigo. Así es como definimos a la rigidez mental: como esa incapacidad para adaptarse a los cambios de vida en cosas tan básicas como un cambio de ciudad, de cultura, de trabajo o aquellos cambios sencillos en la rutina que la vida misma trae sin que nosotros hayamos optado por ellos; los cambios en la cultura orgánica cuando se forma parte de un grupo el cual puede ser una institución, una empresa, o incluso un grupo familiar.

Una persona es rígida mental cuando por ejemplo se ha acostumbrado a picar la cebolla solo de una manera y no tolera que se pique de otra manera. También cuando se ha apegado a una forma específica de preparar una receta ceñido estrictamente a una marca de productos y no logra -por ejemplo- hacerla con lo que encuentra en la despensa. Se es rígida mental cuando las cosas deben estar en su estricto lugar y no se es tolerante para convivir un rato con los cojines de la sala que la visita ha puesto de lado de forma desordenada. Cuando se ha diseñado un plan de fin de semana minuciosamente o cuando ha surgido un inconveniente en los planes que se han trazado y se requiere hacer una adaptación de horarios, de rutas o de la comida. Cuando se es impuntual con retrasos de pocos minutos es otra variable que una persona rígida mental le causa sumo estrés, incluso puede ser un detonador importante. Cuando la persona se apega a tradiciones y no está abierta a cambiarlas o modificarlas incluso cuando la familia está creciendo y ya para los hijos no es plan hacer lo mismo domingo tras domingo porque lo han hecho por años. Cuando se llega a confundir la fidelidad en el amor o en las relaciones interpersonales incluso en el seguimiento de la voluntad de Dios con lo que es más bien rigidez.

Hay otras formas en que las personas pueden ser rígidas mentales y es cuando se ciñen a su punto de vista sin estar abiertas a comprender los otros puntos de vista de las personas, ni siquiera se abren a intentar comprender cuando aparentemente dialogan. Muchas cuando escuchan están pensando que van a responder sin intentar comprender lo que el otro quiere decir. También cuando han planificado la vida o las vacaciones todo tan minuciosamente que terminan muy angustiadas velando más por el cumplimiento puntual del plan original que de relajarse, de disfrutar, de convivir con las personas que aman. Una persona es rígida mental, cuando no es capaz de descuadrarse, de modificar y transformar sus formas de pensar, su rutina, sus hábitos alimenticios, incluso una buena manera de hacer las cosas.

Esta manera de pensar afecta profundamente la vida de las personas así como sus relaciones interpersonales en todos los ámbitos como puede ser el familiar, social o laboral. Generalmente puede darse cuando las personas han vivido experiencias en su vida previa que las han hecho no cubrir sus necesidades afectivas básicas como es el sentirse amado y el poder amar en libertad, el sentirse valorado por lo que se es, nunca por lo que se hace, el tener un sentido de trascendencia en la propia vida en base a los valores que se profesan, el poder ejercer una autonomía sana y el sentirse parte de una familia, un grupo, una sociedad, una empresa o incluso una institución religiosa.

Es por esto que el termómetro de la madurez humana viene dado por la dimensión afectiva pues puede ser una persona sumamente inteligente, pero inmadura afectivamente porque quizás en su infancia no fueron suplidas estas necesidades de manera adecuada por parte de los padres; pero en especial, por parte de la madre quien juega un rol trascendente en este sentido. Quizás si fueron cubiertas las necesidades afectivas, pero fueron educados con una gran rigidez y no aprendieron otra manera de vivir sino con la exigencia o incluso el temor de no poder responder a esa educación estricta y controladora muchas veces ejercida por una figura paterna de carácter rudo y exigente o de madres que le dan muchas más importancia a cumplir estrictamente con la hora puntual de tomar el baño que de improvisar en ver una película en familia o velar porque el niño no se ensucie comiendo chocolate que dejarlo disfrutar del mismo. Quizás también en estos ambientes rígidos de educación donde no pudieron incluso equivocarse generándoles una gran inseguridad personal, un miedo al fracaso con una gran baja tolerancia a la frustración.

Por tal motivo, las personas que afectivamente se han visto afectadas o aquellas que llevan heridas emocionales sin sanar dentro de si misma y no logran entre otras cosas conectar con sus emociones y sentimientos de manera positiva, generalmente pueden caer en el activismo y la hiperactividad como una manera de evadir aquello que se sufrió, que no se conectó, incluso que puede no ser consciente de cuánto le ha afectado trayendo graves consecuencias a la larga. Esta hiperactividad no solo se puede observar en la forma de hacer las cosas en el trabajo o el apostolado sino también en lo más sencillo de la vida.

Si no se modifican estas estructuras mentales por estructuras más flexibles, es posible que la persona desarrolle miedos, angustias, intolerancia, falta de empatía, soledad, pérdida de la seguridad emocional entre otras cosas. Si se vive por largo tiempo bajo una presión en su entorno social, familiar o laboral estricto es probable que a la larga lo lleve a una incapacidad real pues la persona cada vez se limita a vivir aquellas situaciones donde anticipadamente sabe con exactitud que podrá controlar. A medida que pasan los años, las personas se vuelca a controlar más y más su vida cotidiana, generando una gran angustia sino logra vivir conforme a sus planes y con ello, llegan a percibir que cuando no se cumplen estos planes, se es impuntual por 5 minutos o cuando no se está cortando la cebolla como ellos creen se debe hacer, o incluso cuando alguien no está interpretando con exactitud como piensan o lo que piensan, perciben que algo grave esta pasando y sienten la necesidad de acomodarlo de inmediato maximizando a nivel emocional las consecuencias que el hecho en si mismo ha tenido; siendo no proporcional lo que experimentan con lo que realmente está sucediendo.

Pero no es únicamente la vida común de las personas lo que se ve afectado, también puede haber un daño importante en la vivencia de la fe si consideramos que Dios Padre es un Dios de amor muy creativo y que en su voluntad está contemplado una gran variante de situaciones y hechos que el simple vivir implica. Hay un refrán popular que dice cuéntale a Dios tus planes para que se ría de ellos. Lo que quiere expresar éste refrán es que debemos caminar de la mano de Dios pero dejando que el sea el Dios de nuestra vida y no queriendo comportarnos más bien como jefes de Dios diciendo todo el tiempo como queremos que nos acerque a su corazón.

Las personas rígidas mentales son sumamente racionales además de controladoras y si nos situamos que Dios Padre desea infundirnos su propio espíritu que no es otra cosa que su voluntad, sus sentimientos, sus deseos, su memoria, no podrá hacerlo si nuestra razón es un muro denso en su entramado y rígido, pues la gracia que infunde el Espíritu Santo no podrá penetrarnos el corazón con esos mismos anhelos de Dios, ni tampoco la razón que está tan apegada a los propios planes que se han diseñado previamente, a la forma de hacer las cosas, a aquello hermoso con lo que Dios nos quiere sorprender en el camino, a un hermoso atardecer, a la manera como El buscará muy alejada de lo que incluso pudiéramos pensar de acercarnos a su corazón. En definitiva, una persona rígida mental no es capaz de dejar que Dios le cambié sus planes porque ni siquiera está abierta a soltar el control para dejar que ese Padre amoroso nos muestre una forma diferente de vivir la vida, para que a diario nos muestre su voluntad pero también su amor. Es imposible como consecuencia que la gracia penetre en una razón densa, rígida y controladora, porque es como decirle a Dios “estoy a cargo, no te necesito, no me ayudes”.

La pedagogía de Dios es muy creativa, es tan infinita como infinito es su amor. El tiene diseñado siempre muchos mejores planes que los nuestros, los cuales son limitados y pequeños, tan pequeños ante lo infinito y generoso de su amor. La rigidez mental no solo nos limita como personas sino que nos esclaviza a nuestra forma de pensar, de ser, de proceder incluso de sentir, da angustia, miedo y a larga puede generar mucha ansiedad en vez de permitir que vivamos con un espíritu libre que pueda ir de la mano del Espíriitu Santo, que pueda escuchar su voz, sus planes, sus anhelos y que se deje sorprender por El a cada instante. Hay que modificar las estructuras de pensamiento en estructuras más flexibles para que así la gracia de Dios pueda transformar nuestro corazón y así podamos recuperar nuestra capacidad de asombro de aquel que desea manifestarnos su amor.

Mercedes Vallenilla de Gutiérrez

Psicología Católica Integral

Twitter: mvallenilla1

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