Dejar ir

Unknown Autor: Natalia Telles / 19 años

Si ya has pasado por ese segundo de tu vida en el cual sientes que te han hundido en un hoyo negro, en el que surge un millón de preguntas sin respuestas, en el que un vacío interno te invade y un nudo se te forma en el corazón porque tu futuro se nubló… Probablemente enterraste a alguien. Enterrar a alguien no solo físicamente, después de su fallecimiento. Pero también puede ser emocionalmente, cuando una persona se va sin avisar, ya no es parte de tu caminar o con el fin de una relación. Historias hay miles pero el sentimiento es el mismo. Duele tanto porque parecía que ese Ser era tu propia definición de estabilidad emocional o de felicidad. Parece que tu vida no podrá seguir sin la suya dentro de ella. Su ausencia te dio un giro inesperado. Pero uno lucha por mantener viva la memoria o los recuerdos con esa persona tan amada y así no sentir su ausencia.

Si ya has pasado por ese segundo de tu vida en el cual sientes que te han hundido en un hoyo negro, en el que surge un millón de preguntas sin respuestas, en el que un vacío interno te invade y un nudo se te forma en el corazón porque tu futuro se nubló… Probablemente enterraste a alguien. Enterrar a alguien no solo físicamente, después de su fallecimiento. Pero también puede ser emocionalmente, cuando una persona se va sin avisar, ya no es parte de tu caminar o con el fin de una relación. Historias hay miles pero el sentimiento es el mismo. Duele tanto porque parecía que ese Ser era tu propia definición de estabilidad emocional o de felicidad. Parece que tu vida no podrá seguir sin la suya dentro de ella. Su ausencia te dio un giro inesperado. Pero uno lucha por mantener viva la memoria o los recuerdos con esa persona tan amada y así no sentir su ausencia.

Hace exactamente ocho años, pasé por ése momento cuando me enteré que mi papi había fallecido. Durante años intenté “devolverlo a la vida” a través de fotos o escribiéndole en un diario para contarle que había pasado de grado, que se convertiría en Abuelo o lo orgulloso que se sintiera al ver a mi mami. En mis oraciones le pedía al Señor con toda la Fe que una niña puede tener “aunque sea un segundo más para besarle y decirle cuanto lo amo”. Después de varios años, cuando Dios no me concedía ese anhelo, me di cuenta que había dejado de vivir mi propia vida por tratar de devolverle la suya, una vida ya vivida. Y en ese momento que volví a ver hacia atrás, comprendí que el sol siguió saliendo cada madrugada y que así como unas vidas se iban, otras venían; que así como unas morían, otras nacían. Y fue cuando Dios me dijo: “Déjalo ir”

Los días continúan a su ritmo y uno pierde el tiempo en cosas que ya no tienen solución. Es triste cuando una persona se va pero es aún más triste cuando parece que con él, se ha llevado la existencia de los que más lo amaban. Pues es cierto que no se es la misma persona cuando pasa algo así. Pero es aún más cierto que así como la ausencia de esa persona le dio un giro inesperado a tu vida y un vacío inexplicable a tu corazón, la presencia de Dios (si se lo permites) te dará un giro completamente positivo y llenará hasta el rincón más profundo de tu corazón con Su Amor eterno.

“Cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir” (Romanos 12:2). Dejar ir a una persona no es fácil. Personalmente, me parece de las decisiones más difíciles que alguien puede tomar ya que al decidirlo parece que estamos aceptando su partida no solo de cuerpo sino en espíritu. Pero superar no es olvidar y por mucho que pasen los años todos aquellos recuerdos no se extinguen. La ausencia de una persona deja un vacío muy difícil de llenar. Por eso, la decisión de dejarlo ir solo se toma con Dios de tu mano ya que Él es el único capaz de llenar completamente ese hueco y deshacer con ternura el nudo que se te formo en el corazón. Ánimos, tú también “déjalo ir”, levántate y comienza a vivir.

“No temas, que yo te he libertado; yo te llame por tu nombre, tu eres mío. Si tienes que pasar por el agua, yo estaré contigo, si tienes que cruzar ríos, no te ahogaras; si tienes que pasar por el fuego, no te quemarás, las llamas no arderán en ti. Pues yo soy tu Señor, tu salvador, el Dios Santo de Israel. Yo te he adquirido; he dado como precio de rescate a Egipto, a Etiopía y a Sabá, porque te aprecio, eres de gran valor y yo te amo. Para tenerte a ti y para salvar tu vida entrego hombres y naciones. No tengas miedo, pues yo estoy contigo. Desde oriente y occidente haré volver a tu gente para reunirla.” (Isaías 43: 1-5)

 

 

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