Deja de buscar el amor. El ya te encontró.

vuelo libertad amor Sección Jóvenes Escritores.

Natalia Telles. 18 años

No es malo ser dependiente del amor. El error es no saber de qué tipo de amor ser dependiente. Porque si vemos más allá de las noticias que nos presentan cada día, vivimos en un mundo lleno de él. Pero no lo notamos porque “una bomba hace más ruido que mil caricias.”

Si tienes dudas todavía, piensa por un momento que tu existencia es fruto del amor. Porque por amor una mujer pura dijo “hágase en mi según tu palabra”; por amor Dios “dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna” (1Juan 3:16); por amor un Hombre fue crucificado con una corona de espinas en la cabeza. Por puro amor… a ti y a mí. ¿Acaso no es eso suficiente? Y no es que quiera decir que nuestro concepto de amor (matrimonios, noviazgos, familias, amistades) sea incorrecto. Sino que pienso más bien que son un fruto del amor más grande que existe: El Amor de Dios.

Y es que en realidad solo de ese amor deberías ser dependientes. Porque es el único que llega a los rincones más solitarios de tu corazón. El único capaz de cegarte y darte la capacidad de ver las cosas más allá de lo superficial. El único al que le podes entregar todo tu ser sin tener miedo a ser lastimado. El único amor completamente puro, totalmente verdadero. El único que te llena, te satisface, te complace, te sorprende sin un motivo específico. El único que te encuentra sin que tú lo busques. El único del que tienes que ser dependiente, para llevar una vida felizmente independiente. El único.

Hace un par de años, veía que muchas personas a mí alrededor comenzaban a tener novio/novia. Pero yo decidí más bien aprender a amar a Dios por sobre todas las cosas. En realidad fue una lucha ya que a veces es mucho más fácil el amor afectivo. Pero en ese tiempo empecé a ver cómo todo empezaba a funcionar mejor ya que todas las decisiones, sentimientos o emociones se los consultaba primero a él.

Y así, el me condujo al segundo tipo de amor: El amor a mí misma. Porque realicé que si el Rey de Reyes me amaba así, por qué no me amaría yo misma a pesar de mis “defectos” (que para él en realidad, ¡ni lo son!). Y es que cuando descubres lo valioso que eres, no te puedes dar el chance de entregarle tu corazón a cualquiera. Después de mucho tiempo, me pareció estar tan escondida en la Palma de la mano de Dios, que pensé que jamás nadie podría llegar ahí. Pero fue justo en ese momento que Dios consideró que yo ya estaba preparada para el tercer tipo de amor: El amor al prójimo. “Nosotros amamos porque él nos amó primero” (1Juan 4:19)

Y así, no solo me enseñó a ser entregada al prójimo que necesitaba de mi ayuda pero más bien me dio la bendición de presentarle mi corazón a alguien que realmente valiera la pena ya que tuvo que conquistar primero el corazón de aquel que más me ha amado, me ama y me amara en toda mi existencia, Dios.

Es hasta que amas realmente a Dios y sabes lo mucho que vales que estas realmente preparado para amar a alguien más como se debe. Si ese momento no ha llegado a tu vida, no te frustre tan rápido porque como decía Madre Teresa de Calcuta: “El amor llega a aquel que espera”. Y si es así, el amor más grande será el que los una y así, aunque nunca sea un amor perfecto, será el amor más fuerte porque “un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente” (Eclesiastés 4:12). Para mientras, deja de buscar el amor porque Él ya te encontró.

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